Y dicen que resucitó


Muerto el perro, se acabó la rabia… O eso debieron pensar aquellos corruptos sanedritas, fariseos, fanáticos y miserables. En la cima del gólgota, después de todo el proceso de la crucifixión, en un momento dado Jesús coge una última bocanada de aire y expira. Luego el romano le abre el costado con la lanza, por si acaso, y fin de la historia. Dijo que resucitaría al tercer día, pero eso nadie se lo creyó, no fueron capaces de creer en sus enseñanzas, prefirieron matarle antes que escucharle, ¿cómo iban a creer que regresaría de entre los muertos?

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Ángel del paso de misterio del Señor Resucitado./Foto: Luis A. Navarro

Descendido de la cruz fue tratado como un cadáver más, el cuerpo recibió el tratamiento habitual de la época y colocado en un sepulcro, dicen que con una enorme piedra a modo de canto rodado haciendo de puerta, y se hizo dentro la oscuridad y el silencio.

No podemos saber lo que pasó, ni cómo pasó. De pronto un ruido, el estruendo de una piedra desplazándose y una guarnición romana curtida en mil batallas que huye como si mil bárbaros les persiguieran. Se trata del terremoto más pequeño de la historia. Ha sido un leve corrimiento de una sola piedra. Sólo los romanos que vigilaban debieron notarlo, lo que pasó después ya no quedó nadie para verlo. La luz se abrió paso entre la oscuridad. Lo que pasó después, ya no se puede contar ni explicar más que con la fe.

En el siglo primero de nuestra era no estaban inventadas las cámaras de video, ni de fotos. Lo que pasó, pasó. Los evangelistas lo dejaron por escrito pero no es a lo que estamos acostumbrados en pleno siglo XXI. No tenemos más que el testimonio escrito en los evangelios y una dosis de fe que variará en función de cada persona.

La resurrección de Cristo es “la madre del cordero” y permítanme la expresión, es la clave de toda la historia, es la chispa que encendió la mecha que luego ha corrido por la historia llegando a nosotros. No nos engañemos, en la Palestina romana seguramente crucificaban todos los días a varios condenados. ¿Por qué la historia de uno de ellos iba a traspasar fronteras insalvables de la época, e iba a sobrevivir durante tantos siglos?, el que quiera creer que crea.

La vida es lo más preciado que tenemos, y en toda la historia, desde los primeros que le conocieron en persona, hasta los últimos mártires de hoy mismo en algún lugar de oriente, se cuentan por miles, por millones seguramente, los que han dado su vida defendiendo esta historia del crucificado que resucita. Y permitan que diga lo que pienso, yo no me dejo matar por un cuento chino, esto tiene muy poca pinta de ser un cuento chino. Pero si necesitan una grabación nítida para creer, siento decirles que no la hay, no había cámaras de seguridad en el sepulcro, micrófonos ni reporteros desplazados a la zona para informar. Lo toman o lo dejan, lo creen, se maravillan con esta historia, dejan que les cale hasta los huesos, o lo niegan y siguen con sus vidas como buenamente puedan.

Se trata del triunfo del bien sobre el mal, si prefieren creer en lo contrario, allá ustedes. Ya se que si nos paramos a ver las cosas con detenimiento, el mal parece que lleva ventaja, la ha llevado siempre. Tiene buenos aliados en el miedo irracional que siente el ser humano por lo desconocido, y en las debilidades humanas, que son muchas. Pero esto no es como empieza sino como acaba. Si la luz de Cristo viajó por tierra y mar, se desplazó por el tiempo, conquistó corazones de aquí y de allá, y sigue sin apagarse. Es posible que en algún momento todo se de la vuelta de una vez y la luz, que lleva milenios abriéndose paso entre un infranqueable muro de oscuridad, al final gane una batalla que lleva disputándose desde el principio de los tiempos. Y a pesar de tenerlo todo en contra, el bien, aún no la ha perdido.

Se trata de la metáfora más genial de la historia, el terremoto más pequeño, con el corrimiento de una sola piedra, con ninguna víctima que lamentar pero sí un resucitado de entre los muertos. Resulta que provoca la onda expansiva más grande de toda la historia, y no parece tener fin. Ahora si lo prefieren, sigan creyendo otra cosa, nadie está obligado a nada. Si tenemos párpados es para poder cerrar los ojos o abrirlos a voluntad, yo elijo abrirlos, ustedes, si quieren permanezcan en la oscuridad, son ustedes libres.

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