Este país, bien vale una misa


En plena Cuaresma, se ve que algunos llevan el pecado en la penitencia, por mucho que no crean.

“Para una inmensa minoría”, así rezaba hace años el slogan de una campaña publicitaria para promocionar la dos, la segunda cadena de televisión española. Canal que no ve casi nadie, porque el contenido de su programación a menudo está pensada para personas que no pierden el tiempo viendo televisión, es la incongruencia misma en el mando a distancia.

Pero el caso es que hay quien ve ese canal, con sus documentales de animalillos salvajes, sus deportes minoritarios o sus conciertos. Es un canal para una gran minoría. Lejos queda de esa sintonía lo que se ha dado en llamar “telemierda”, el gran hermano o los debates absurdos donde le dan la razón al que más grita e insulta. La intimidad y la dignidad de las personas están a salvo, el camión de la basura que va perfumando la inmensa mayoría de canales, no pasa cerca de este. Precisamente por eso, habría pasado desapercibido para algunos de no ser porque emiten cada domingo por la mañana una misa, para que las personas impedidas puedan verla al menos por la televisión.

Lo mismo no es, es evidente. La Misericordia de Dios es capaz de atravesar hasta el cristal de la pantalla. Y aunque el sacerdote televisivo hace llegar la palabra del Señor a través de las ondas, de momento la tecnología no permite la comunión virtual, por lo que “el pan y el vino”, “el Cuerpo y la Sangre” de nuestro señor, se quedan en el otro lado de la pantalla, a kilómetros de los tele-feligreses que se quedan sin opciones a la hora de comulgar.

Si numerosos ancianos en España se quedan sin comulgar, pero por lo menos no se quedan sin su misa dominical, es gracias a que uno de los canales públicos, se acuerda de ellos. Mientras tanto, otra inmensa minoría comulga pero con ruedas de molino, siguiendo el discurso y las directrices de una panda de descerebrados venidos a más. Descerebrados que pretenden eliminar de la programación del canal, la misa. No han dicho nada de toda la porquería que infecta la parrilla televisiva, no les molesta que haya que desinfectar el mando a distancia cada vez que le das una vuelta completa a los canales, les molesta la misa, sólo la misa, y nada más que la misa. Las iniciativas que toman en el parlamento son todas de la misma naturaleza. Si alguien ha pensado que los leones de piedra son los únicos animales del congreso, olvidan que numerosos diputados llevan adn de asno en sus genes, luego no nos podemos sorprender de las burradas que promueven “sus señorías” cada vez que tienen uso de la palabra.

Después el debate se traslada a las redes sociales, que han venido a sustituir a la taberna de toda la vida. Y es donde lees a imberbes jovenzuelos recién salidos de la adolescencia protestar por la emisión de la misa, quejándose de que lo hagan a costa de sus impuestos. Querrán decir de los que pagarán cuando trabajen, si llegan a trabajar algún día. En la taberna, lo dicho quedaba entre el tabernero y los parroquianos, en las redes sociales queda para siempre y llega a todas partes.

Se trata de un debate estéril, como todos los que se entablan con esta gente, pero es también una batalla que no nos podemos permitir el lujo de perder. En la televisión de hoy en día tiene cabida la violencia más salvaje, lo más sucio de la sexualidad, la justificación plena del robo a mano armada que padecemos, la mentira dignificada en bocas de gobernantes corrompidos. En la televisión de hoy en día hay de todo y a muy pocos parece importarle. En pleno siglo XXI, puedes ver como ejecutan a alguien en riguroso directo, a políticos haciendo de la mentira su verdad, puedes ver a personas perder la dignidad hasta quedar por debajo de los animales, pero no hay hueco para transmitir una misa, pensando en esas miles de personas que no pueden acudir al templo.

Este país, o lo que queda de él, bien vale una misa, aunque sea televisada.

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