El carnaval y la cuaresma


No aprendemos. Nos ofrecen un trapo rojo, desde una distancia considerable, y seguimos cayendo en la trampa, a pesar de que no somos nosotros los que llevamos cuernos. En un ejercicio de surrealismo que dejaría a Picasso casi como un pintor de brocha gorda, nos abocamos a la contemplación de un lienzo donde es “el morlaco”, el mismo que luce la cornamenta, el que llama, el que provoca, y el indefenso bípedo se deja engañar para divertimento de un populacho entregado, que todo lo contempla desde el graderío.

Por respeto, y por el aprecio que le tengo a amigos, a compañeros, a personas de mi entorno, cuya orientación sexual difieren de la mía, lo que no los hace ni mejores ni peores que yo, voy a moderar mi lenguaje. A morderme la lengua, o a escribir con el brazo semi-encogido, porque si me doy a mi mismo rienda suelta me pierdo, que me conozco.

Por eso, no voy a alterar en absoluto mi artículo, que lo tenía escrito desde antes del bochornoso espectáculo venido desde las islas afortunadas, como las llaman.

Donde unos provocan hasta herir, otros sólo solicitamos un poco de respeto, entiendan estas palabras como una petición.

Otro año más, y no será porque éste la cuaresma empieza temprano, que lo hace más bien tarde, otro año más se vuelven a solapar el carnaval y la cuaresma.

Ya lo dijo Joaquín Sabina. A él, el carnaval “le mola” más que la cuaresma. otros muchos pensarán lo mismo. A mi no “me mola” el carnaval, ni Joaquín Sabina tampoco.

En tiempos de aquella dictadura de nuestros abuelos, el carnaval estuvo prohibido. Ni siquiera conozco los detalles en profundidad. Se me antoja que eso de ir enmascarado por la calle podría presentar un serio problema de seguridad para las autoridades de la época. Siempre he oído historias de abuelas, referidas a que antes de la prohibición, en esos días de chanza y disfraces, el número de delitos se multiplicaba. Que era el momento perfecto para apuñalar a alguien aprovechando el disfraz, y salir impune. No lo sé, algo de cierto quizás hubiera. El caso es que estuvo muchos años prohibido, y a mi, sinceramente, no me importaría en absoluto que lo siguiera estando, aunque me limito a vivir al margen de eso. No me disfrazo de nada, o mejor dicho, siempre voy por la calle disfrazado de Víctor Olivencia, incluidos los días de carnaval. Respeto y acepto lo que hay, aunque voy a lo mío, a lo que considero importante, que es lo que viene después del miércoles de ceniza.

Antes estaba todo mejor distribuido en el calendario, se respetaban más los plazos, por decirlo de algún modo, el jolgorio y la máscara antes del miércoles de ceniza y luego ya, la cuaresma con todo lo que implica. Ahora está todo solapado, hasta el extremo de coincidir en las calles un grupo de enmascarados de juerga, con un grupo de cofrades realizando un viacrucis en los primeros días de cuaresma.

En vista de lo que nos traen los nuevos tiempos, haciendo uso de mi libertad de expresión y de mi carácter humilde, les pido a los carnavaleros, a los fiesteros en general, aparte de que disfruten de su fiesta y de sus disfraces, que si en algún momento se encuentran con alguna clase de procesión, con algunos fieles o cofrades realizando un viacrucis con su Imagen titular por la calle, que sean respetuosos, que bajen en la medida de lo posible la voz, se crucen con nosotros y luego sigan con su fiesta, nosotros no les vamos a molestar ni a interferir en absoluto con sus chirigotas ni sus gracias, seremos pocos, iremos en silencio o rezando en voz baja y ya está.

Lo ideal sería que antes de que comenzase la cuaresma, todo esto del carnaval estuviera terminado. Pero de todas formas, aunque así fuera, cualquier noche de viernes, o sábado, es propicia para la fiesta, el alcohol y la música. Si ya se han dejado el disfraz en casa, pero están haciendo botellón por la calle y se encuentran con nosotros, por favor, respeten nuestro acto, nosotros respetamos el suyo. Hay quien elige rezarle a Jesucristo, y quien le rinde culto a una botella de whisky. A nosotros no nos importa a quien le rindan culto, pero pasen de largo de manera discreta, no se burlen, no hagan gracias a nuestra costa, no griten o insulten. Si les parece un disparate ver por la calle a un grupo de cofrades rezando un viacrucis en pleno siglo XXI, yo me reservo la opinión que tengo de que vayan ustedes con la botella en la mano, vociferando o lanzando improperios a diestro y siniestro. El caso es que hay anchura en las calles como para cruzarnos sin chocar. Además, nuestro acto durará unos minutos, mientras que su fiesta se prolongará hasta altas horas de la madrugada, y se repetirá cada fin de semana de todo el año. Lo nuestro es sólo una vez al año. Sean tan amables de dejarnos rezar en paz.

Este año pasado, en Cabra, en la madrugada del miércoles al jueves santo fui testigo de un hecho que me llamó mucho la atención y que no había visto jamás. Me encontraba acompañando a la hermandad de la Expiración, que sale a la 1 y 30 minutos de la madrugada y se recoge sobre las 5. Enfilando el cortejo por una larga calle céntrica del pueblo, uno de los policías locales que acompañaban a la procesión se adelantó un poco a la cruz de guía, se dirigió a un pub, o como le quieran llamar a uno de esos bares modernos, que permanecen abiertos con la música muy alta hasta las tantas de la madrugada, abrió la puerta y les hizo a los que atienden el bar un gesto para que bajaran la música. Si esto me pareció excepcional, más si cabe me resultó la actitud de los señores del pub, cuando bajaron la música sin ningún problema.

Sí se puede. Está muy de moda la frase hecha y vale para casi todo. Claro que se puede. Unos con su fiesta y otros con sus rezos, si en un momento dado se coincide en una misma calle, cofrades de procesión y fiesteros, de fiesta. Con un poco de sentido común y de respeto, es posible que los que quieran estar de fiesta estén de fiesta, y los que queramos rezar, podamos rezar.

No quiero parecer pesado, pero insisto, con toda humildad, como cofrade les pido, que si nos ven por la calle en una procesión de cualquier tipo, en los días de cuaresma o cuando empiece la semana santa, y no quieren acompañarnos en nuestro acto, pasen de largo respetándonos, la calle es ancha, la noche es larga y la tolerancia es muy necesaria para la convivencia. Si así lo hacen les estaré muy agradecido, los cofrades en general les estaremos muy agradecidos. Y disfruten ustedes de su carnaval y de su fiesta, por supuesto que sí.

Si por el contrario son de la opinión de que no debería estar permitido rezar o hacer procesiones por la calle, piensen que opiniones hay muchas, y la que ustedes tengan sólo es una más. Nosotros tenemos otra, cada uno tiene una, y la razón es de quien la tiene, eso no va con los tiempos, con las mayorías, con las modas o con las ideologías. Es más un asunto de coherencia y de sentido común.

Y ahora me dirijo a las autoridades. ¿De verdad que no había hueco para el carnaval antes del miércoles de ceniza? pregunto. ¿hay necesidad de solapar dos cosas tan diferentes en un mismo momento del calendario?, ¿o lo hacen ustedes para fastidiar? En otros años donde la semana santa es en marzo, es posible que no haya hueco en el calendario, pero este año el miércoles de ceniza es el uno de marzo, la semana santa es casi a mediados de abril. Me temo que con ustedes el problema es que no se le pueden pedir peras al olmo. Van disfrazados de gobernantes, pero en realidad son otra cosa.

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