Hace veinticinco años


Este año se cumplen veinticinco del nacimiento de la Orquesta de Córdoba. Sin duda, uno de los hitos culturales de las últimas décadas en nuestra ciudad. En aquel 1992 por estas fechas, siendo alcalde Herminio Trigo, el Ayuntamiento ultimaba con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía las bases para establecer un consorcio que sustentara la creación de una orquesta sostenida con fondos públicos de ambas administraciones, al modo en el que muy poco antes se había hecho en Granada, Málaga y Sevilla. Así, con la de Córdoba se cerraría la red de orquestas andaluzas surgida de esta convergencia de intereses de la administración autonómica y los ayuntamientos de las ciudades antedichas.

No fue un proceso fácil. En el caso de la de Córdoba, su nacimiento supondría la desaparición de la orquesta municipal surgida a partir de la antigua Banda Municipal, que hundía sus raíces en los comienzos de la segunda mitad del siglo XIX. De ahí que, desde la presentación pública del nuevo proyecto sinfónico, en febrero de 1992, se produjera una fuerte polémica que llegó hasta el pleno municipal. Finalmente, el proyecto salió adelante y en los meses siguientes se abordó la selección de los músicos que integrarían la plantilla orquestal, algunos de los cuales procedentes de la anterior formación. Ya en este punto, todo bajo la dirección de Leo Brouwer, que es en quien se pensó desde un primer momento para estar al frente de la orquesta. Conocido mundialmente sobre todo como compositor y guitarrista, el músico habanero había alternado ambas facetas de su quehacer con la dirección orquestal, siendo titular de la primera orquesta de su país, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

Por fin, el 29 de octubre de aquel año, tuvo lugar el concierto de presentación de la Orquesta de Córdoba. Para tan esperado momento, el maestro Brouwer eligió un programa que era, en sí mismo, toda una declaración de intenciones de por donde discurriría la acción de la nueva formación. Así, como obra principal, una de las obras capitales del repertorio concertante: el Emperador de Beethoven. Nada menos que con el pianista Rafael Orozco como solista. Nombre ilustre al que se suma de inmediato el de Adolfo Marsillach, que actuó como narrador en la Guía orquestal para jóvenes de Benjamin Britten, expresión de la vertiente didáctica que sería significativa en la orquesta desde aquellos comienzos. Y junto a estas dos obras de mayor formato, otras páginas más breves. Es el caso de la Fanfarria para un hombre común de Aaron Copland, la Zarabanda lejana de Joaquín Rodrigo y la suite sinfónica del ballet Alegrías de Robert Gerhard; tres piezas que reflejaban el interés de Brouwer por otorgar notoria importancia a la música contemporánea en general y a la española en particular.

Aquel concierto fue un rotundo éxito y suscitó los mayores elogios, no sólo de la prensa local sino también de críticos de medios nacionales que se desplazaron a Córdoba atraídos por la personalidad del director cubano. Así que con tales parabienes y buenos deseos empezó la andadura de esta Orquesta de Córdoba, de la que la ciudad y los cordobeses nos sentimos muy orgullosos y a la que deseamos que este 2017, año de su veinticinco aniversario, constituya un gran revulsivo para seguir creciendo artísticamente y afrontar nuevos retos. Por lo pronto, pues, muchas felicidades a todos sus componentes y al público que le da su aliento concierto tras concierto.