Julio Merino y la Segunda República


Días atrás tuvo lugar en el Real Círculo de la Amistad la presentación del último libro de Julio Merino, el cual lleva por título La agonía de las dos Españas y se compone de ocho discursos significativos de otros tantos políticos e intelectuales de máxima relevancia en los años de la Segunda República: Miguel de Unamuno, Manuel Azaña, José Ortega y Gasset, Julián Besteiro, Indalecio Prieto, Francisco Largo Caballero, José Calvo Sotelo y José María Gil Robles.

Por supuesto, que no es sólo la mera recopilación de tales discursos, sino el comentario sobre sus protagonistas y el momento en que surgieron, lo que confiere interés a esta nueva publicación del incansable periodista y escritor carteyano. Y, sobre todo, lo que quizás constituya el propósito último del autor, que no es otro que situarnos frente al espejo de nuestra historia reciente para que, de esta manera, entendamos e interpretemos mejor el presente. No en balde, problemas como el de la configuración del Estado, la cuestión catalana o la dicotomía monarquía-república, tan cadentes entonces, siguen estando hoy en la agenda política con inusitada vigencia. A pesar de lo cual, cree Merino que hablar de agonía, en el sentido unamuniano en que lo hace, y de dos Españas puede resultar incómodo para muchos en la hora actual, tan dada a moverse entre los límites de lo políticamente correcto. Pero eso es algo que no le preocupa, pues si algo ha caracterizado siempre al escritor es su determinación al defender lo que cree, guste más o menos.

De todas formas, no es el libro solamente lo que me empuja a escribir estas líneas, sino su autor, a quien agradezco que me invitara a participar en el mencionado acto de presentación, junto a José Antonio Nieto, Federico Roca y, obviamente, él mismo. Y es que, a pesar de conocer algunos datos de la biografía de Merino y de haber tenido el placer de compartir con él gratos momentos de conversación y amistad, no deja de sorprenderme su enorme capacidad de trabajo e inteligencia. Sólo así se entiende que, además de haber dirigido varios periódicos y realizado una intensa carrera profesional, cuente en su haber con más de un centenar de libros. No sólo los que pudieran considerarse como prolongación de dicha carrera periodística, tal es el caso de los muy conocidos que dedicó a la Transición, el golpe de Estado del 23-F o la monarquía, sino otros muchos en los ámbitos de la novela, el teatro y el ensayo.

Ciertamente, la actividad de este maestro de periodistas ha sido incesante, tanto como su dilatada trayectoria, y bien merecería que fuese mejor conocida en la ciudad que ha elegido para vivir tras su jubilación, y en la que cursó los estudios de Magisterio en los cincuenta, antes de que su vocación periodística le empujara a trasladarse a Madrid y realizar los de periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo, de la que luego sería profesor. Porque, efectivamente, y pese a que sus colaboraciones en el diario Córdoba (así como su breve columna diaria en La Razón) son muy frecuentes y, por tanto, permiten que nos acerquemos a su figura, la verdad es que Merino no tiene el reconocimiento que, en mi opinión, merece. Se podrá estar de acuerdo, o no, con él, con muchas de sus opiniones y análisis, pero, más allá de tal contingencia, me parece que es un hombre al que hay que escuchar siempre.