Medina Azahara en auge


El camino hacia la designación de Medina Azahara como Patrimonio Mundial por la Unesco está propiciando que el interés por cuanto tiene que ver con tan emblemático espacio monumental haya crecido entre la ciudadanía y en la agenda política. Desde luego, con el deseo compartido por todos de que tal declaración llegue a buen puerto, pues ello no sólo sería un reconocimiento del gran valor patrimonial que atesora el conjunto arqueológico (algo que es bien conocido por los estudiosos, pero no tanto por los cordobeses), sino un acicate para que se redoblen los esfuerzos en pro de un impulso definitivo, tan necesario como conveniente. Especialmente, pero no solo, de la Junta de Andalucía, que desde 1985 asume su titularidad y gestión.

Sea con la declaración o sin ella, Medina Azahara exige un compromiso decidido y mantenido en el tiempo. De las instituciones y también de la ciudadanía. Por ello, y aunque sean de celebrar iniciativas como la de su iluminación (fruto de un convenio entre la Junta y la Fundación Endesa), que permitirá dentro de unos meses visitas guiadas nocturnas y actividades culturales, lo cierto es que urgen la conclusión de la restauración del Salón Rico, una mejor conexión entre el conjunto arqueológico y la sede-museo, mayores recursos humanos y presupuestarios, impulso a nuevas excavaciones y mejoras en su promoción. Es decir, lo fundamental para seguir poniendo en valor la ciudad palatina de la forma más completa y eficaz posible.

A este respecto, hay que recordar que hace ya más de un siglo que comenzaron las excavaciones en el que es uno de los enclaves patrimoniales más significativos de Córdoba y dotado de un valor universal. Desde entonces, la recuperación de la que fue ciudad palaciega en época omeya y símbolo del poder en aquella etapa esplendorosa de Córdoba ha constituido uno de los retos más apasionantes en el estudio y conocimiento de nuestra historia. De ahí que desde Velázquez Bosco a hoy, muchos hayan sido los investigadores que han tratado de contagiarnos su pasión por este sitio.

Sin embargo, y a pesar de dicha relevancia del enclave y de los esfuerzos de investigadores e instituciones por su recuperación, no más del 10% del mismo es lo que conocemos realmente, pues el 90% restante permanece aún oculto bajo tierra y está pendiente de ser excavado. Quizás aquí radique el principal desafío de cara al futuro, aunque, como repiten los expertos, difícilmente puedan abordarse nuevos proyectos de excavación, si previamente no está garantizada la conservación y musealización de lo ya excavado. Cuestión ésta que explica, entre otras razones de índole administrativa, política y económica, que no estemos en un porcentaje de excavación mayor del existente.

Esperemos, por consiguiente, que este camino hacia la declaración de la Unesco, en que nos encontramos, propicie el empujón que Medina Azahara necesita; en cuanto a nuevas prospecciones se refiere, por supuesto, pero también en la solución de atávicos problemas de gestión y en la apertura de nuevas vías de mejora, y siempre sin perder de vista, sobre todo, la importancia que tiene para la investigación y el conocimiento.

 

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