La Fiesta del Piano


En estos días de noviembre tiene lugar una nueva edición del Festival de Piano Rafael Orozco, que organiza el Ayuntamiento de Córdoba con la colaboración de la Asociación Pianística Rafael Orozco, la Fundación Cajasur, el Conservatorio Superior de Música y el Instituto Municipal de Artes Musicales y Escénicas. Como siempre, es una magnífica ocasión para escuchar a pianistas de gran calidad, unos ya veteranos en el circuito habitual de conciertos, y otros que están emergiendo como consecuencia de haber ganado algún concurso internacional importante.

El festival nació en 2002. Aquel año se celebraba el centenario del Conservatorio Superior de Música y, con tal motivo, desde dicha institución se solicitó a diferentes instancias de la ciudad una colaboración para subrayar como se merecía una efeméride de esa relevancia. Concretamente, al Ayuntamiento se le pidió que patrocinara un ciclo de conciertos de piano en memoria de Rafael Orozco, quien, fallecido en 1996, daba nombre al centro. La plena receptividad y apoyo mostrados por la entonces teniente de alcalde de Cultura, Angelina Costa, y por quien a la sazón ocupaba la jefatura de dicho área municipal, Juan Carlos Limia, hicieron que tal petición de quien entonces dirigía el Conservatorio (un servidor de ustedes) se hiciera realidad. Fueron cinco recitales, siendo el primero de ellos de Javier Perianes, el pianista español más reconocido internacionalmente en la actualidad. Significativo dato a tener en cuenta.

Fue tal el éxito de crítica y público que tuvo aquella convocatoria, en principio nacida para festejar el centenario del Conservatorio, como se ha dicho, que los responsables municipales decidieron que había que darle continuidad. No sólo se satisfacían los gustos de un amplio sector del público musical (el auditorio del Conservatorio se llenó en todos los recitales), sino que, además, se homenajeaba la memoria de un cordobés universal: Rafael Orozco, quien pese a morir a temprana edad (recién cumplidos los cincuenta años), dejaba un legado interpretativo muy importante. Su intensa trayectoria concertística en los cinco continentes, con las principales orquestas del mundo, los más famosos directores y en las salas de conciertos de primer nivel así lo acreditan. Como igualmente lo hace su formidable discografía, en la que sobresalen sus espléndidas interpretaciones de Chopin, Rachmaninov y Albéniz.

De aquel 2002 a hoy, el número de pianistas que ha pasado por el festival en sus quince ediciones celebradas sobrepasa los 160, de cerca de una treintena de nacionalidades. Entre ellos están, por supuesto, los más acreditados intérpretes españoles, con Joaquín Achúcarro, Josep Colom, Rosa Torres Pardo, Ana Guijarro, Iván Martín, Luis Fernando Pérez o el mencionado Perianes a la cabeza. Y de allende nuestras fronteras, figuras internacionales del calibre de Arcadi Volodos, Vladimir Ochinnikov, Brenno Ambrosini, Jorge Luis Prats y laureados en algunos de los principales concursos internacionales del mundo. En definitiva, un plantel que hace que el festival se sitúe entre las citas pianísticas españolas más prestigiosas.

Cabe desear, por tanto, que una cita plenamente consolidada, que goza del favor del público y el reconocimiento de la crítica especializada, que honra la memoria de un inolvidable artista cordobés y que brinda prestigio a Córdoba en el mundo musical, siga disfrutando del apoyo institucional necesario (cuantitativamente hablando, mucho menor que el requerido por otras citas culturales de las que se celebran en la ciudad) y que pueda ir afrontando nuevos retos en términos de crecimiento y promoción. No me cabe duda de que será así, y por eso hoy he querido dedicar esta tribuna a algo que me es tan cercano y entrañable, y que me gustaría que los cordobeses conocieran más y mejor. De entrada, participando de esta gran fiesta del piano.