Treinta años del nuevo Gran Teatro


El pasado mes de mayo se cumplieron treinta años de la reapertura del Gran Teatro. Fue en 1986, tras someterse el edificio a una rehabilitación que duró varios años y luego de haber estado amenazado por la piqueta en los setenta. Gracias a los buenos oficios del Ayuntamiento de entonces, en los albores de la democracia y siendo concejal de Cultura Miguel Salcedo Hierro, se evitó lo que hubiera sido una pérdida irreparable para la ciudad, pues no en vano el Gran Teatro es, desde su inauguración en 1873, uno de los principales focos culturales de la Córdoba contemporánea.

En sus preciosas Notas cordobesas, Ricardo de Montis nos relata cómo los primeros cincuenta años de vida del teatro fueron muy intensos, con una rica programación integrada por representaciones teatrales, espectáculos líricos, conciertos, funciones de títeres, variedades y sesiones de cinematógrafo. A lo que se sumaban otras actividades diversas, tales como juegos florales, bailes sociales y de Carnaval, banquetes, funciones patrióticas y hasta mítines políticos. En cierto modo, el retrato de una época.

En 1920, tras sufrir su primera reforma importante, cambió de titular la explotación del local, pasando a la empresa Guerrero, que la mantuvo hasta 1951, en que le sucedió la empresa Sánchez-Ramade. Para entonces, el auge del cine fue desplazando del grueso de la programación a las actividades escénicas, que no obstante mantuvieron cierta presencia. Funciones de teatro, ópera y zarzuela quedan en el recuerdo.

Más conocida, por reciente, es la historia de estos últimos treinta años, una vez municipalizado el coliseo tras los avatares mencionados. De momento, y aunque con algunos meses de retraso, el Ayuntamiento ha querido celebrar la efeméride mediante la colocación de unas lonas en la fachada lateral del edificio, en las cuales pueden leerse los nombres de algunas de las principales figuras del teatro, la música, la lírica o la danza que han pasado por nuestro querido Gran Teatro en estos tres decenios. Para quienes hemos podido vivirlo, es emocionante recordar tantos momentos gratos, algunos inolvidables, como los que nos sugieren algunos de estos nombres.

No obstante tal circunstancia, creo que esta celebración debería propiciar que este casi siglo y medio de historia pudiera ser llevada al papel con el rigor y la profundidad que la institución merece. De esta forma recordaríamos no sólo a esas grandes figuras que pasaron por su escenario, sino lo que el Gran Teatro ha representado para nuestra ciudad en términos sociales y culturales. Todo lo cual nos permitirá, además, poder valorar mejor cuanto acontece hoy en día.

Por otra parte, la efeméride parece invitarnos a reflexionar sobre la importancia de las artes escénicas en la cultura de nuestro tiempo, analizar el estado actual de la cuestión y avanzar ideas para el futuro, no sólo desde la óptica de los gustos del público mayoritario, sino desde una concepción contemporánea y atenta a las tendencias más vanguardistas. Por fortuna, el Gran Teatro es hoy parte de un entramado escénico más amplio, con la reapertura en 2011 del Teatro Góngora y la existencia de un magnífico espacio al aire libre, como es el Teatro de la Axerquía. A lo que hay que sumar la labor constante de una iniciativa privada exitosa como es Teatro Avanti, así como la existencia de varias compañías y grupos de teatro y de danza que dan lustre a la escena local. Y ello, sin olvidar a los centros de enseñanzas artísticas que tenemos en la ciudad. Vivamos, pues, estos treinta años del nuevo Gran Teatro no sólo como una celebración, sino como una oportunidad para atisbar los retos del inmediato futuro en este apasionante ámbito de nuestra vida cultural.

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