Asignatura pendiente


Atiendo la gentil invitación de mi amigo Jesús Cabrera para iniciar una serie de colaboraciones en La Voz de Córdoba, no sin antes recordar a ese otro medio que, con el mismo nombre y bajo la dirección de Francisco Solano Márquez, fue un soplo de aire fresco en el panorama periodístico local de los años ochenta. Espero que la designación de dicho nombre para este nuevo medio en formato digital sea premonitoria de su carácter abierto y plural, como lo fue aquel periódico en el que dejaron su sello innumerables maestros del periodismo.

Quisiera dedicar mi primer artículo a recordar la importancia que durante siglos ha tenido la capilla musical catedralicia. Como en otras muchas ciudades de España, desde el Renacimiento hasta el declive de estas instituciones tras los procesos desamortizadores de bienes eclesiásticos acaecidos en el siglo XIX, y el consiguiente empobrecimiento de la Iglesia, también en Córdoba su capilla catedralicia fue el principal lugar para el estudio y la difusión de la música, además del espacio donde se generaron las más notables composiciones. Nombres ilustres como los de Gabriel Díaz Besón, Agustín Contreras o Jaime Balius son sólo algunos de los que pueblan una extensa nómina de maestros, los cuales dejaron un legado compositivo que, por poco conocido, apenas puede ser apreciado.

Hace unos días, visitando una biblioteca dedicada preferentemente a temas musicales, pude volver a comprobar la enorme cantidad de estudios y catálogos existentes sobre la historia de muchas capillas catedralicias de nuestro país. Y, de nuevo, volví a caer en la cuenta de que falta la de Córdoba (además de otras, claro está). No por falta de estudio, pues me consta que el trabajo está hecho concienzudamente, por José Luis Ruiz Vera y Rosario Villalonga Pérez, sino porque se hace necesaria la publicación del mismo en un catálogo pormenorizado que nos permita tener una panorámica amplia. Sobre todo, para que los estudiosos puedan conocer la importancia de este ámbito de nuestra historia y de ahí puedan surgir nuevas iniciativas, tanto en forma de estudios musicológicos como de difusión sonora de obras existentes en el archivo.

La recuperación del patrimonio incluye también al musical. De lo contrario, nos moveremos en un círculo mucho más reducido que el transmitido a lo largo de los siglos. Las partituras están ahí y sólo necesitan que queramos acercarnos a ellas, para que, a través de esos intermediarios que son los intérpretes, puedan llegar al público. Nos quedaríamos sorprendidos por la mucha y buena música que lamentablemente permanece silenciada.

Por eso, ahora que el cabildo está potenciando su coro y orquesta, para deleite de los aficionados a la música y no sólo para el mayor realce de determinadas funciones litúrgicas, me permito animarle a que aborde esta empresa. Merece la pena. Los cordobeses podremos sentir el sano orgullo de una historia plena en realizaciones artísticas en el campo de la música religiosa, y el mundo de la musicología y la historiografía en general dispondrán de un valioso instrumento para seguir profundizando en el conocimiento de la historia musical española.

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