“Menos Prozak y más oración”


De vez en cuando llega a mi teléfono móvil alguna información audiovisual  que me permite reconciliarme temporalmente con el wasap, con el que establezco una bipolar relación de amor/odio. Adjetivo tal reencuentro como“temporal”, porque con total seguridad, tras él vendrán multitud de videos inanes cuando no zafios, que me harán consumir estérilmente un tiempo, que por limitado es siempre precioso. Tiempo que por otro lado, no cesa de invitarme a cuidarlo, a no malograrlo, mostrándome su cada vez mayor y cruel fugacidad.

EL mensaje es cuestión es un video donde figura una mujer de apariencia ciertamente agradable  pero que desconocíatotalmente. La capacidad, novedosa en la especia humana, de discriminar wasapsa primera vista”, casi me juega una malapasada, ya que tuve la tentación de enviarlo, como tantas veces hago, a la carpeta de “delete”. Tuve suerte y  venció nuestro natural espíritu de curiosidad, atraído por la sensación de inteligencia y bonomía que su rostro transmitía.

La protagonista era Marian Rojas Estapé , científica y psiquiatra, hija del famoso  Enrique Rojas, hablando sobre uno de sus últimas publicaciones: “Como hacer que te pasen cosas buenas”.  En él la autora afirma, basándose en evidencias científicas, que nuestro cerebro ( concretamente ella habla del sistema reticular activador ascendente) funciona discriminando, es decir no procesando, no captando lo bueno, esperanzador y positivo que ocurre en nuestra vida, cuando en nuestra interior predomina la maldad, la desesperanza, lo negativo. Es incierto que no ocurran aconteceres gozosos en nuestra vida, el problema es que mi atención la focalizo en lo limitante y negativo de mi existencia. Y como la felicidad, más que depender de lo que nos pasa, depende de la interpretación de lo que nos pasa, un “corazón” negativo ( la científica no duda en hablar de “corazón” para referirse a nuestro interior”) está incapacitado para interpretar, para detectar los aconteceres positivos y gozosos de nuestra realidad pigmentando la vida de tristeza y ansiedad. Una “voz interior” limitante, genera pensamientos limitantes que me impiden encontrar rastro de bondad y de belleza en la vida. El Sistema reticular activador ascendente, capta la realidad que es  para mí interesante, importante, y lo hace determinado por las emociones y sensaciones que predominan en mi interior. Es decir, como ella misma expresa: “lo que desea el corazón la mente se lo muestra”.

Por ello, siguiendo la lógica del  funcionamiento de nuestro cerebro, la doctora Rojas nos aconseja para lograr una vida gratificante y feliz, “limpiar” nuestra “voz interior”, limpiar nuestro “corazón”, y esa será la mejor garantía de elaborar pensamientos positivos que me llevan a interpretar positivamente la existencia.

Una vez más tengo la experiencia de leer algún pensamiento filosófico o científico (como es el caso que nos ocupa) con el gozo de saber que uno está ante  algo cierto y encontrar rápidamente un paralelo en la Biblia. ¿O acaso lo que dice la doctora no está claramente relacionado con las palabras de Jesucristo:  “Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6,45)?

Todo aquello que pronunciemos ha pasado necesariamente antes por nuestro cerebro, que interpreta según tengamos nuestro corazón. Un corazón endurecido, tiende a interpretar todo negativamente y así lo verbaliza. En mi realidad predomina las limitaciones, lo negativo si permitimos que en mi corazón predomine la negatividad  que va a determinar un lenguaje ponzoñoso. Al animarnos Marian Rojas a “educar la voz interior”, para así educar los pensamientos, no es más que animarnos  a “limpiar” nuestro corazón, como mejor instrumento para limpiar  nuestra realidad de fealdad y desdén.

Eso quizás se puede hacer desde parámetros puramente humanos y voluntaristas, pero lo que está claro es que los creyentes tenemos la suerte de relacionarnos con Quien de verdad puede darnos  un corazón nuevo, un corazón  limpio ¿Qué es sino lo que suplica el salmista cuando proclamaRocíame con agua, y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu (Salmo 51).

Sin necesidad de hablar de corticoles, hemisferios cerebralessistemas reticulares  activadores ascendentes…la encarnación de la “Sabiduria”, nos enseñó hace más de dos mil años que un corazón sanado, un corazón  bueno, es quien mejor puede hacer que veamos la bondad de los demás, de la vida y que Él ha venido precisamente a sanar el corazón del Hombre. De ahí que podamos clamar con gozo, a nuestra sociedad occidental, donde encontramos no pocas vidas marcadas de tristeza y sin sentido: “Menos “prozac” y más oración”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here