Acoger para acoger


La mayoría de las llamadas que recibimos responden a cuestiones ordinarias, de nuestro quehacer diario, anodinas la mayoría de ella, lo que permite simultanear con la ocupación en la que nos sorprende el tono del móvil. Pero de vez en cuando hay llamadas que demandan toda nuestra atención, que paran el tiempo. Rápidamente percibimos que debemos interrumpir la tarea que estuviéramos realizando para poner el máximo interés en la escucha de quien nos requiere. Son llamadas que no finalizan al colgar, pues tras el suave movimiento digital que termina con la conversación, nuestra mente continua dialogando con el que llamaba o consigo mismo.
Ayer recibí una de ellas. Un amigo me hacía partícipe de la feliz decisión de convertirse en lo que se conoce por “familia de acogida”. Un afortunado adolescente de dieciséis años, cuya tutela está en manos de la Administración, empezará a vivir con ellos los fines de semana y los periodos vacacionales. Este chico que no ha tenido suerte con su familia biológica ha encontrado otra que le permitirá experimentar la gratuidad del amor familiar.
Vivir no es fácil, pero si uno inicia el camino de la vida sin el afecto insustituible de unos padres, tal dificultad aumenta hasta grados insospechados. Necesitamos tanto el afecto! Hay un precioso libro titulado “Martes con mi viejo profesor”, donde encontramos una de las mejores definiciones que he encontrado del hombre. Entre los muchos consejos que el viejo profesor Morrie comparte con un antiguo alumno, aparece una definición brillante y acertada sobre la persona humana: “El hombre es un ser que cuando nace necesita cariño, en sus últimos años necesita cariño y entre medias…también”. Así es, somos seres necesitados de caricias, de abrazos, de besos, de palabras cariñosas, y esta indigencia afectiva nos acompaña toda la vida. Es tan cierta tal afirmación que sin ese calor afectivo es inviable nuestro normal desarrollo físico y mental. No es por tanto suficiente alimentar a un bebe para que crezca sano, es tal radical nuestra necesidad de ternura, que el déficit afectivo suele comportar déficit cognitivo y conductual.
Ese amor gratuito se recibe en el seno familiar. Por eso la familia es tan importante, y por eso es un bien insustituible, de tal forma que su ausencia, en esta sociedad exageradamente individualista, la considero la mayor de las pobrezas. Paola Binetti, pedagoga y especialista en ciencias de la familia afirma:” la necesidad de familia es tan radical y en su ausencia se experimenta un desplazamiento tan profundo que le hace a uno sentirse extraño en cualquier lugar”.
Tan pernicioso es carecer de familia biológica como que la Administración tenga que separar a un hijo de ella por entender que hay una situación de riesgo o desamparo. En esta tesitura hay en nuestro país actualmente más de veinte mil niños y adolescentes que bajo la tutela de la Administración pública viven en centros residenciales de menores .He tenido la oportunidad de conocer el extraordinario buen hacer de muchos de los profesionales que en nuestra ciudad gestionan la vida de estos muchachos, pero como decíamos anteriormente, por buenos educadores, psicólogos, asistentes sociales…que cuidan de ellos, la ausencia de un hogar, del
amor familiar, los convierte en personas en clara desventaja para afrontar su futuro. Fuera de una familia tiene que hacer “mucho frio”.
Es aquí donde juega un importante papel la figura de las “familias de acogida”. Al ser la familia una institución insustituible, lo único que puede remplazarla es “otra familia”. Una familia que se entienda así misma, no como una fortaleza tan confortable como cerrada, sino que abre sus brazos para “acoger” amorosamente a quien desconoce el calor de un hogar.
Terminé la conversación dándole a mi amigo una sincera enhorabuena. Toda acción que dilate nuestro corazón es siempre acertada, estoy seguro que el afortunado chico les enseñará a el, su mujer y a sus hijos, no pocas cosas que desconocían, y les permitirá experiencias que sin él, hubieran sido imposibles.
Hoy es un día propicio para reflexionar sobre la acogida: Toda la omnipotencia que somos capaces de imaginar se nos presenta en la vulnerabilidad de un Niño que humildemente pide ser acogido para dotarnos de una mirada fraternal que conmueva y mueva. Navidad es eso: “Acoger para acoger”. Feliz y santa Navidad.

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