“Querer querer”


El enamoramiento es sin duda una de las experiencias más entrañables y más sublimes que la vida nos ofrece. La euforia, el deseo, la satisfacción, el sentimiento de plenitud, es tal, que nuestra mente desecha por anodino y aburrido todo lo que no sea estar o pensar en el amado. La vida es más bella que nunca, y antes de cada encuentro la adrenalina inunda el torrente sanguíneo aumentando de manera incontrolada el ritmo cardiaco, apareciendo los nervios y esa inefable sensación que todos entendemos por “mariposas en el estómago”. Por otro lado, el tiempo se eterniza durante la ausencia, mientras que a su lado, las horas se suceden con una “cruel” e inexplicable rapidez.

Si a esto le sumamos que solemos ensalzar a la persona en lugar que no le corresponde, tampoco es ninguna mala noticia que tal estado sea transitorio, naciendo siempre con fecha de caducidad. El enamoramiento es tan hermoso como agotador, y claramente incompatible con una vida sosegada y tranquila. Es por tanto, nuestro bien, quien demanda que sea una experiencia, si no fugaz, sí pasajera.

El regalo impagable que el interino enamoramiento nos ofrece es indicarnos la persona a quien decidimos amar. Y digo bien al utilizar el verbo “decidir” , pues la ilimitada fuerza del sentimiento del amor reside precisamente en su intencionalidad, en estar cimentado en la voluntad y en la libertad de aquel que opta por “gastar” su vida en buscar el bien de la persona amada. Amar es un proyecto de felicidad donde uno reconoce que para ser feliz necesita que la otra persona lo sea. El amor por tanto es esencialmente activo, pues es necesario colaborar en que eso suceda. No es posible un “amor perezoso”, el amor, si queremos que no muera ha de ser diligente y laborioso: se caracteriza por una constante entrega y aceptación, requiere de paciencia, de comprensión, de respeto, de apertura, de perdón, de agradecimiento, de mirarse, de confianza , de imaginación, de sorpresa, de dialogo , de escucha, de tiempo, de saber pedir, de protección, de caricias…Pensar que lo que se hace por amor no tiene por qué costar esfuerzo es absolutamente infantil e incierto. El amor filial nos muestra continuamente que el esfuerzo va vinculado necesariamente al amor, ¿o no cuesta trabajo levantarse por la noche

cuando un hijo nos llama? El amor conyugal es por tanto dinámico, no es pasivo, es un proyecto común de felicidad que tiene, como todo proyecto humano, sus deberes; y si éstos no se cumplen, no habrá ni proyecto ni felicidad. El amor requiere ser cuidado para crecer, o va languideciendo hasta extinguirse, surgiendo la mayor de las soledades: la “soledad conyugal”, donde el amor no es que “se haya marchado”, lo hemos dejado ir.

“No es bueno que el hombre este solo” nos revela el Génesis. El matrimonio, es sin duda un lugar privilegiado para conseguir una vida plena, lograda y feliz. Pero para que esto ocurra es fundamental diferenciar el enamoramiento como emoción involuntaria, del sentimiento libre y volitivo del amor. Es cierto que a veces tras el enamoramiento no se acierta en el discernimiento propio del noviazgo y surgen en el futuro problemas irresolubles de convivencia. Pero la desmedida cifra de rupturas matrimoniales hace pensar que probablemente se haya socializado el equívoco de entender como emoción (que igual que viene se va, sin yo poder hacer nada) lo que es tarea y proyecto de felicidad común.

Entendido así el amor, un “amor preocupado”, es cuando emerge como posible el “para siempre”. Nuestra felicidad y la de nuestros hijos merece que nos esforcemos en aprender a amar, en descubrir cuáles son mis deberes como amante y como amado, en huir de un amor holgazán, indolente e inmaduro, que solo sabe esperar y recibir, abonando la inevitable crisis. Empleémonos para que ésta no surja y luchemos si nos visita el desamor. No es cuestión de suerte. La fórmula es infalible: “querer querer”.

3 Comentarios

  1. Desmayarse, atreverse, estar furioso,
    áspero, tierno, liberal, esquivo,
    alentado, mortal, difunto, vivo,
    leal, traidor, cobarde y animoso;

    no hallar fuera del bien centro y reposo,
    mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
    enojado, valiente, fugitivo,
    satisfecho, ofendido, receloso;

    huir el rostro al claro desengaño,
    beber veneno por licor süave,
    olvidar el provecho, amar el daño;

    creer que un cielo en un infierno cabe,
    dar la vida y el alma a un desengaño;
    esto es amor, quien lo probó lo sabe.

    Este soneto de Lope de Vega es lo mejor que se ha escrito al amor, pero siguiendo tu reflexion más bien al enamoramiento.
    ¡Que trabajoso pero a la vez que maravilla sentirlo.!
    Al final , en todas su vertientes y formas, es el sentimiento que mueve la vida y el mundo.
    Un besote amigo!!

  2. Gracias Chus.Precioso soneto que desconocía. ( La poesía no es mi fuerte aunque ahora estoy atreviéndome con algo). Que bien lo describe, que clarito queda que es “agotador”… y que verdad tan grande que para conocerlo solo vale la suerte de “probarlo”.Un beso

  3. Genial, Miki!!! Has puesto palabras a lo que pienso y siento yo también. Tu texto me sirve para trabajar con mis alumnos… Mil gracias!!

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