“Ángel de muchos”


“Es increíble la obsesión de los chavales por su cuerpo, por su imagen”. Estas palabras no me pertenecen, ni proceden de algún vecino sexagenario, ni de un desesperado padre de hijos adolescentes. Son palabras pronunciadas por Jesús, mi joven peluquero, mientras llevaba a cabo sobre mi cabellera su antiguo y noble oficio.

Ciertamente es éste un oficio que tengo en alta estima, pues a poca sensibilidad o psicología que posea un barbero o peluquera, le permite convertir su local en privilegiada atalaya desde donde tomar el pulso a la sociedad, y conocer de primera mano de lo que hoy se habla, se opina, se piensa, preocupa…

La sala de espera de una peluquería no tiene nada que ver con la de una consulta médica, donde predomina el silencio, el susurreo y la lectura de revistas tan bien colocadas en la mesita central como obsoletas en su información, donde uno puede, a estas alturas, recordar hasta el último detalle de la muerte de Rocío Jurado o de la boda de Isabel Preysler con Miguel Boyer. Por el contrario en las peluquerías, se cuida mucho más la actualidad de las revistas, y sin ninguna justificación aparente se sube el tono de voz y uno se siente como “más en casa”, con más licencia para hablar, opinar, preguntar… y el acogedor sillón pasa a convertirse en no pocas ocasiones, en un auténtico “diván” donde el o la clienta, confía no sólo su melena, sino su propia alma.

Como os comentaba hoy, mi bisoño peluquero se encontraba con la vena reflexiva, y no paró de contarme anécdotas en las que fundamentaba su preocupación por encontrar, en la mayoría de su clientela juvenil, una excesiva actitud narcisista. Salí del local, pensando que no sería justo encuadrar a toda la juventud de tal manera, y que sería más apropiado hablar en términos globales, pues es la sociedad en general donde se percibe cierta obsesión por la perfección del cuerpo y una exagerada aversión a la arruga. No obstante, empatizaba en parte con lo descrito por mi barbero, al ser los jóvenes fieles hijos de éste ambiente, que les lleva a muchos de ellos, a tener como proyecto vital el cuidado de lo físico, de la imagen, acompañado todo esto de un compulsivo hábito de fotografiarse (poniendo las caras más extrañas…) que me hacen recordar al famoso personaje de la mitología griega, cambiando la contemplación absorta de sí mismos en el reflejo de una fuente, por la imagen captada por sus móviles o colgada en redes, pero percibiendo al igual que Narciso, la incapacidad de separarse de su propia imagen, que “adoran”.

No me pregunten la razón, pero suelo ir al peluquero en ayunas como si del analista se tratara, por lo que no tardé en encontrar una cafetería donde resolver mi hipoglucemia. Me dirigía animoso hacia la barra, sabedor de que un café sin prisas, en compañía de un periódico, es una magistral lección de cómo la felicidad está más vinculada a la sencillez que a la suntuosidad. Estando en tal dichosa coyuntura leo con agrado la nueva campaña de Cáritas que tiene por destinatarios preferentes (aunque siempre su mensaje es global) precisamente a los jóvenes. “Tú eres el ángel de muchos”, reza el slogan, pretendiendo, entre otras intenciones, un aumento del número jóvenes que experimenten la felicidad que reporta la gratuidad, la donación, la generosidad, el velar por los demás.

No puedo evitar casar la noticia con lo hablado en la peluquería. Son noticias donde uno percibe la brisa suave de lo esencial, de lo medular para este algoritmo que es la vida. Algoritmo que se complica si uno pretende resolverlo a base de músculos o de buscar la envidiada “90-60-90″. Una vez más Caritas, brazo de la caridad de la Iglesia, nos muestra la fórmula infalible para alcanzar una vida plena, para implementar este proyecto inacabado que somos: salir de nosotros mismos y acudir al encuentro del otro.

Nuestra sociedad necesita de estas campañas porque siendo muchos los aspectos positivos de nuestra cultura, no es menos cierto que ofrece, y muchos los siguen, caminos que devalúan, hasta casi vaciar de sentido, términos tan “sagrados” como la felicidad. Encuentro la campaña de Caritas acertada en forma y tiempo al quedar enmarcada en plena Navidad, donde podemos contemplar la mayor escuela de “abajamiento”, de servicio, de gratuidad jamás ofrecida al Hombre. Un “niño” y como tal desvalido y vulnerable, cuyo primer acto público fue “ponerse en cola” para ser bautizado, nos invita a renacer, a aprender a Amar, a sustituir lo bueno por lo apetecido, a tener corazón para la miseria(misericordia), en definitiva nos muestra a todos, incluidos ¡cómo no!, los clientes de mi peluquero, que no es cuestión de bíceps, o de ajustadas tallas, o de conseguir un doble o triple grado…sino que el bello algoritmo de la vida se resuelve siendo “ángel para muchos”, pues no en vano, al atardecer de la vida, nos examinaran del Amor.

FELIZ Y SANTA NAVIDAD.

 

 

 

 

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