El Belén y los leggins


Tengo un Belén que es una preciosidad. Ciertamente no son muchas las cosas materiales de las que yo pueda presumir, pero sin duda el Belén de casa es una de ellas. Siguiendo el mismo proceder de mis padres, hemos ido adquiriendo desde novios, poco a poco, figurita a figurita, todos los personajes que requiere un Nacimiento que se precie. Serenas y realistas figuras de la escuela de Francisco Salcillo, que con inexplicable facilidad crean un entrañable ambiente de movimiento y vida cotidiana que siempre brinda a todo aquél que lo contempla.
En pleno Adviento, como mandan los cánones, me encontraba terminando de colocar un simpático pastorcillo que está lavándose los pies a la orilla del rio, cuando mi hijo me empieza a contar un chiste sobre unos “leggins”.Término éste, que además de regalarme una sonrisa, también le debo el que me llevara a mi preciado diccionario de papel, urgido por una duda acerca de su grafía. Tal placentero acto de búsqueda (placer desconocido para muchos de nuestros jóvenes que no han tocado un diccionario) me enseñó, sacándome del error, que dicho anglicismo se escribe con doble “g”.
Con el diccionario todavía sin cerrar, sentado frente al Belén, me quedé saboreando mi obra recién terminada. La que hace unas horas era una esquina anodina del salón de casa, había pasado a “colorear” toda la habitación, transmitiendo al contemplarlo una serena alegría, una agradable sensación que surge cuando uno se encuentra con algo bello. La belleza de un Belén tiene algo especial, pues si ésta siempre nos reconcilia con el ser humano y nos sana haciéndonos mejores, el contemplar el pesebre, nos permite también entender y experimentar la frase de Hermann Hesse: ”La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla”.
Belleza dinámica que posibilita envolverme en recuerdos, “oler” de nuevo mi infancia, saborearla, re-vivirla y sentir que tengo raíces, historia, un legado que he recibido, donde sin duda aparece esta rica tradición del Belén, que a su vez mis padres recibieron, y que fielmente nos entregaron cumpliendo con la etimología latina del termino tradición, que procede del verbo tradere, que significa entregar. Es ésto lo que nuestros ancestros llevan siglos haciendo.
No puedo evitar que en mi interior surjan algunas interrogantes: ¿Por qué una costumbre tan ancestral, tan socializada y tan generosa de bondades a quien la cultiva, está viendo disminuir de forma exponencial su presencia en nuestros hogares?¿Por qué romper la cadena?¿Por qué otro icono navideño como es el árbol ha de sustituir el Belén?¿Por qué hay que hablar de exclusión cuando son complementarios?
Es ciertamente el árbol un signo navideño, y de origen incluso anterior al Nacimiento. Parece que San Bonifacio evangelizador de Alemania, allá por el siglo séptimo, tomó un hacha y cortó un árbol de culto pagano y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. No tiene sentido por tanto, ni forma parte de mis intenciones desaprobar su indiscutible expansión por nuestros hogares y ciudades. Pero sí me gustaría resaltar su menor cualidad significativa. Delante de un Belén uno se para y contempla con mayor o menor sentido religioso, pero es “algo” que demanda atención, admite la contemplación, permite un dialogo, porque las figuras, las diferentes escenas, tienen capacidad de “hablar”, de producir sensaciones, recuerdos…por el contrario el árbol es silente, y se conforma con una simple mirada fugaz, repentina, de admiración instantánea. Ciertamente distrae, porque es agradable a la vista, pero no posibilita el dialogo, ni tiene capacidad de hacernos mirar a nuestro interior donde se encuentran las moradas del gozar, del contemplar, del orar…
Continuaba con la misma postura inicial, sentado y con el diccionario abierto por la página del anglicismo “leggins”. Leí de nuevo el término y pensé que quizás, a nivel de tradiciones, tenemos que aprender la lección que nos ofrece nuestro rico e inteligente castellano. No duda nuestro idioma en importar palabras de otras lenguas cuando no encuentra locución similar en sus ochenta mil vocablos que la Real Academia tiene censados: Blues, Blutooth, golf o hardware… nos podrían servir de ejemplo de tal forma que si quiero escuchar blues solo puedo expresarlo con la palabra que gentilmente nos presta el inglés. Pero me gustaría poner la atención en aquellos términos que ha adoptado el castellano pero que sí tienen equivalente en nuestra lengua. Podemos comprar unos leggins o unas mallas, podemos dejar el coche en el parking o en el aparcamiento, puedo enviar un link o un enlace, tener un hobby o una afición… son muchos los ejemplos donde se percibe que la incorporación del anglicismo no ha supuesto la erradicación de su equivalente en castellano. Nos enriquecen, pues aumentan nuestras posibilidades de expresión, pero lo hacen no de forma competitiva o excluyente, sino acomodándose, sin expulsar del diccionario nuestro término “mellizo”.
Esta inteligente actitud que muestra el castellano es la que debiéramos aplicar a nuestras costumbres y tradiciones. Si no existe “equivalente” no pasa nada por acoger una tradición, considerando además estéril luchar contra éste acontecer contemporáneo, entre otras cosas por entenderlo como inevitable exigencia de la aldea global en la que vivimos: desconocíamos lo que era el Black Friday pero parece que ha tenido fortuna y que ha llegado para quedarse, no teníamos San Valentín y lo importamos sin ningún problema. Donde surge cierta inquietud, y donde propongo imitar lo que acontece en el mundo de las letras, es cuando incorporamos una tradición que hace desaparecer o por lo menos disminuir el protagonismo de un secular hábito cultural nuestro. Por ello no considero buena noticia, el ver como año tras año, aumenta la facturación del día de Papa Noel y se acerca (todavía de lejos pero tiempo al tiempo) a la de la mágica y hermosa noche de los Reyes Magos. Todavía es más desconcertante el eclipse que estamos permitiendo de nuestro día de los Santos por la fiesta de Halloween. Otro ejemplo claro es el que nos ocupa: España ha sido junto a Italia uno de los países donde más se ha cultivado el belenismo (la asociación de belenistas de Barcelona es actualmente la más antigua del mundo).Sin embargo es evidente que ésta tradición va desapareciendo de nuestros hogares y que su “hueco” lo ha ocupado el árbol de Navidad. La oferta es termómetro infalible de lo que se demanda o se desprecia, y he vivido en primera persona la cada vez mayor odisea de encontrar una tienda donde pudiéramos comprar la figurita anual que teníamos costumbre incorporar al Belén, por el contrario, la oferta de árboles ya sean naturales o artificiales, aumentaba sin cesar.
Es tan rica y bella la tradición de montar un Belén en el hogar, que confío en su supervivencia. La aldea global no tiene por qué desfigurar nuestra identidad cultural, sobre todo cuando hablamos de algo bondadoso y bello. Cualquier rinconcillo de la casa, ocupado por unas pocas figuritas puede pasar a ser el centro del hogar, el lugar más cálido, más acogedor. Acojamos el hermoso icono navideño del árbol, pero no a costa de una de las costumbres más nuestras y más hermosas, y aprendamos de la lengua que el aceptar el termino leggins, no supone expulsar las mallas de nuestro diccionario.

7 Comentarios

  1. Coincido contigo con los recuerdos que tenemos alrededor del Belen.
    Me acuerdo perfectamente , del olor , del nerviosismo y de la alegría intensa que suponía para nosotras sacar del altillo la caja donde guardábamos año tras año el Belen .
    Mi madre subida en esa escalera ,abriendo la caja,desliando con suavidad cada figurita y con el siempre -“tened cuidado ..” significaba una cosa , ¡ nuestras vacaciones habían empezado!!
    Y más allá de eso , era el saber que durante unos días mi casa brillaría con sus adornos alrededor del Belen y todos juntos viviríamos esa noche llena de ternura del 24 de diciembre .
    Era mi momento mágico que siempre subsistirá en mi recuerdo.

    • María Jesús,similar experiencia viví en casa. Todo un lujo, y como bien dices formará siempre parte de nuestra “hemeroteca” personal. A ver si somos capaces de generar recuerdos similares en nuestros “peques”.

    • Gracias Marta, tenemos una preciosa y rica lengua que da para mucho. Y ya sabes encantados de que vengáis por casa a ver mi pequeño tesoro.

  2. Hola Miguel acabamos de leer el precioso artículo que han publicado hoy tu padrino se ha quedado con la boca abierta y orgullosos de nuestro ahijado sigue escribiendo así que haces un gran bien abrazos de tus padrinos

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here