Black Friday


Se nos dice desde pequeños, y quizás esté ahí su único fundamento, que el varón está incapacitado para hacer dos cosas a la vez, ya que es éste un privilegio de la mujer. En el caso de ser cierto el enunciado, de lo que no hay duda es que tiene sus excepciones, y así por ejemplo, el que suscribe no encuentra ningún problema en conducir y escuchar la radio de manera simultánea. Ya se que no he situado el listón muy alto, pero déjenme que ponga en valor alguna capacidad que nos pertenezca, pues vivimos tiempos donde lo políticamente correcto (sobre todo si el que habla o escribe es varón y progre) es ensalzar sobre todo la inteligencia femenina. En verdad, echo en falta en artículos y tertulias referencias a la inteligencia como algo que nos iguala a hombres y mujeres y que en absoluto nos diferencia. La inteligencia, queridos “progres y progras”, no es cuestión de género.

Pues bien, hace unos días, iba feliz en el coche ejercitando mi doble facultad, cuando oigo por la radio un anuncio que comienza con un “Alabado seas Black Friday”, y tras exponer la variada oferta que allí podemos encontrar, cierra el spot con un “te sentirás en el cielo”. Los publicistas, conmigo al menos, cumplieron con la misión encomendada de “captar la atención”, por lo que en ese sentido no me cabe sino reconocer la bondad del spot. Es bueno porque ha entendido perfectamente, el cambio cultural y antropológico que estamos viviendo, y a él ,sin piedad, se dirige: La felicidad, la “buenaventura” de la persona está en la capacidad de compra. Consume y se feliz, consume y “te sentirás en el cielo”. El slogan considera insuficiente la analogía y se atreve sin tapujos a una identificación pura: no es que en el centro comercial te sientes “como en el cielo”, sino que es el cielo mismo.

O sea que lleva la humanidad reflexionando cerca de treinta siglos sobre el hombre, y resulta que me ha tocado vivir en una época donde se identifica la felicidad, la “plenitud de ser” con el acto de comprar, de consumir. Pues me niego. Nunca se propuso al hombre una felicidad más barata ni más incierta. Y sinceramente no entiendo la facilidad con la que se adopta tal error existencial, ya que es universal la experiencia de estar movidos por interminables deseos, y que la satisfacción concreta de un deseo, no logra nunca agotar todas las expectativas, surgiendo de nuevo la insatisfacción. Como dice Maurice Blondel “el querer va más allá de lo querido”. El hombre bien se define cuando se entiende como “animal insatisfecho”. ¿Cómo podemos “situar” nuestra felicidad en un centro comercial? ¿Cómo concebir que la felicidad está en el tener?

Pues lo estamos aceptando. Por eso nos identifican “el cielo” con el consumo, por eso “se alaba” el viernes elegido para el ritual, “alabado black Friday “ repite el anuncio. Sin duda los centros comerciales, y más desde que abren en domingo, son los nuevos templos. Hemos cambiado las catedrales e Iglesias por meros mercados. Lo peor del aciago trueque no es que busquemos nuestra felicidad en un laberinto de pasillos sin trayectoria definida, lo peor es que lo hemos puesto como medio para un proyecto vital conseguido, pleno, feliz. Como decía, no estoy dispuesto, y prefiero optar por otro camino que ya desde Aristóteles se nos recomienda: “ obrar bien es lo que llamamos ser dichosos; y así ser dichoso o la felicidad sólo consiste en vivir bien, y vivir bien es vivir practicando la virtud”. Eso me suena mejor, y lo acojo con mayor facilidad porque entre otras cosas se puede verificar su veracidad. Y así, el obrar bien, la

bonomía, produce dicha, nos plenifica, habla de nuestra dignidad, de nuestra altura. Es precisamente esa dignidad la que le niega a Cartier o Louis Vuitton, capacidad de ofrecernos algo más que un placer pasajero y efímero claramente insuficiente para satisfacer nuestros anhelos más profundos. Y si a ese “buen obrar” aristotélico, uno tiene la suerte de poder sumarle la fe, la aspiración de una vida lograda se hace más accesible, pues lo que era una mera tarea humana se convierte ahora en ”tarea y don”. En esa búsqueda de la bondad de acción, el “yo” del creyente no está solo, pues se ha encontrado un “TU” que le ayuda a conformar su vida, y sobre todo a calmar una sed que las cosas materiales no pueden saciar. Qué bien expresó esta verdad el santo de Hipona: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

Mañana iré a comprar si surge alguna necesidad, pero no iré engañado. Ni me sentiré en el cielo, ni lo comprado calmará mis deseos. El anuncio es bueno, pero es mentira, una gran mentira.

3 Comentarios

  1. Genial, Miki. Totalmente de acuerdo… Los que creemos en la felicidad que otorga el bien debemos ser testigos alegres de ella porque de lo contrario nos ganará el “cielo” del tener. Un abrazo y gracias por tus palabras

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