Huelga de tareas


Como es sabido por su repercusión mediática, la asociación de padres y madres de alumnos Ceapa, ha convocado una “huelga de tareas escolares” durante los cuatro fines de semana del presente mes de noviembre.

Un vez más un somero análisis sobre algún ámbito o institución contemporánea me recuerda que el tiempo pasa inexorablemente y que acumular ya cinco décadas me dificulta, en no pocas ocasiones, reconocer lo que yo viví en mi infancia y juventud, con lo que viven quienes hoy ocupan ese lugar. Alejado del maniqueismo no la juzgo ni peor ni mejor, simplemente distinta, con sus aspectos positivos y con otros que no lo son tanto.

En el caso concreto del ámbito escolar queda bien patente la distancia, y así me lo muestra el siempre feliz ejercicio de recordar mis años de formación en Ahlzahir: Las pizarras de tiza, el tratamiento de usted a mis queridos profesores (tratamiento que todavía perdura, de tal suerte que si me encuentro con alguno de ellos, de manera inconsciente y automática me brota un emocionado D. Sebastian, D. Manuel, D. Juan…), una permisiva ratio que me posibilita recordar más de cuarenta compañeros de clase, los armarios tornados de un sobrio “verde loden”, el plumier de madera con los rotrings, la goma de nata o el compás pelikan…, valoración y estima del sistema por el aprendizaje memorístico, y por supuesto tareas, muchas tareas, que me llevan también a rendirle un cálido homenaje a las enciclopedias Monitor y Larousse que tanto me ayudaron.

Ciertamente esta última actividad, que es lo que hoy nos convoca, no es que sea ejemplo de mi desfase con épocas pretéritas, pues hoy en día, de ahí la huelga citada, la tarea es un método aceptado por la gran mayoría de los docentes. Es esto precisamente lo que me hace pensar, que no debe ser una actividad tan lesiva, cuando los profesionales de la educación la practican de manera generalizada y desde hace tanto tiempo. Además mi propia experiencia y la vivida con mis hijos, me dice que si dispones de un coeficiente intelectual normal (y sólo un 2% de los alumnos supera el famoso coeficiente 130) cualquier aprendizaje de clase, para ser consolidado, necesita de un trabajo personal posterior en casa. Por tanto para una inmensa mayoría y por supuesto para aquellos que tienen dificultades, la clase no es suficiente. Y es más, no encuentro en absoluto envidiable la situación de aquellos alumnos que obtienen brillantes calificaciones con el único esfuerzo de su atención en el aula, pues normalmente “pagan” en la Universidad su falta de hábito de estudio.

Parece por tanto que las bondades de “los deberes” superan a sus posibles perjuicios que sólo soy capaz de verlos, en la falta de mesura y oportunidad. Una vez más, como en tantos avatares de la vida, es cuestión de evitar tanto el exceso como el defecto, pero no creo que sea apropiado conjugar tan noble vocablo con el verbo “prohibir”. La complejidad del asunto, indica que nos encontramos ante un tema de los muchos que demandan ser reflexionados y acordados con profesionalidad y al margen de ideologías, por el tan deseado y necesario pacto de Estado sobre la Educación.

Lo que si me gustaría destacar es que el objetivo de la huelga que analizamos, es ciertamente bueno e incluso necesario, ya que leo textualmente que busca: “recuperar el tiempo libre de los hijos y por tanto de las familias….pues el tiempo del fin de semana no es de la escuela, es de la familia”.

Ciertamente no es descabellado el propósito de procurar más tiempo libre para nuestros hijos. Como digo, además de benigno es sobre todo necesario, pues a los deberes escolares debemos sumarle la enorme dificultad de encontrar padres que no se hayan visto arrastrados por la vorágine generalizada de unas actividades extraescolares, que obligan a ellos y a nosotros, a una agenda de locos. A ver quién puede “tirar la primera piedra”, y de hecho sería extraño, que los mismos padres que apoyan la huelga, reclamando la prohibición de tareas escolares en beneficio de un mayor tiempo de ocio para sus hijos, no los tengan practicando algún deporte, en piano, academias de apoyo o de inglés y pensando en la importancia para su futuro profesional el saber chino…

Y si es importante para la “salud familiar” el procurar más tiempo libre, en mayor medida lo será el saber qué hacer con el mismo. Hace unos días sonreía con una ingeniosa viñeta que llevando por cabecera “éxito de la huelga de tareas”, pintaba a una familia de cuatro miembros cada uno en su sillón y cada uno “ensimismado” con su tablet. Y es que el ocio puede ser anodino y estéril para la familia o puede ser rico y fructífero. El humorista me llevó a repensar sobre la importancia del divertimento compartido en familia y me ayudó a recordar, porque el ritmo trepidante de vida que llevamos nos lleva a olvidarlo, que la familia también está para disfrutarla, para pasarlo “bomba”…No es sólo cuestión de que nos esforcemos todos en conseguir más tiempo libre, sino que también es necesario el buscar con imaginación y empeño, actividades para disfrutar de la familia que eviten una agenda en blanco.

Por ello agradezco a una huelga que no comparto, el que me haya servido para refrescar la indiscutible contribución a la felicidad familiar que ofrece el tiempo realmente compartido, y sobre todo para caer en la cuenta que quizás haya cierto desfase en mi esfuerzo educativo por sus éxitos profesionales, por la imposible misión de conseguir cierto orden en sus caóticos cuartos, por “los pelos” que a veces me llevan, por la postura en la mesa, por, por… No digo que no sea necesario todo ello, sino que quizás sea enorme y descompensada la diferencia de tiempo y energía dedicada a tales menesteres y la empleada a reír con ellos, a disfrutar con ellos, a jugar con ellos, y convertir así el tiempo vivido en familia, en algo especial, en algo “sagrado”.

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