La mejor vecina


Esta mañana me encontraba paseando a Tuna, perrilla que entró en casa hace pocos meses, pero que escuchando a mis hijos, forma ya parte indeleble de la unidad familiar. Por cierto, aprecio un aumento exponencial en el número de padres que deambulamos al alba, bolsa en mano, esperando con cierta ansiedad por las prisas matutinas, que cada perrito tenga a bien hacer sus necesidades. Cuando me cruzo con alguno de ellos no puedo evitar el considerarlo como otro espabilado, que al igual que el que suscribe, se creyó eso de “papá te prometo que la perrita la saco yo”. Pues como digo, andaba adormilado con esos menesteres merodeando mi casa, cuando vi un par de señales de prohibido aparcar “por mudanza”, que me concedieron la primera gran alegría de la jornada, al recordarme que al día siguiente, será mi madre quien se mude.

La situación de su traslado ha generado un hecho curioso. He observado que cuando ella explica que comenzará a vivir de inmediato en nuestra misma planta ,justo en la puerta de enfrente de casa , recibe de todo el mundo la enhorabuena y le manifiestan la gran alegría que sienten por ella, al valorar la enorme fortuna que supone el pasar a tener su buzón junto al de su hijo. Y a nosotros nos ocurre exactamente lo mismo, y así, cuando compartimos la gozosa noticia, da igual con quien hablemos: vecinos, amigos o con Carmen la pescadera… de inmediato, nos expresan con unanimidad su alegría por mi madre, destacando siempre la suerte que ha tenido al encontrar un piso con tal peculiar ubicación. Es decir, en estos continuos diálogos que, como es lógico , se repiten con insistencia en estos días, siempre queda en el aire que la “parte” más claramente beneficiada, la más favorecida por nuestra inmediata vecindad, es mi madre .Y eso es precisamente lo que me gustaría puntualizar. No se me escapa que la situación objetiva de una madre octogenaria, que vive cerca de sus hijos, es buena y le favorece. Pero de lo que estoy totalmente convencido es de que a partir de mañana, quien en mayor medida se beneficiará de nuestra extrema proximidad, no será ella, sino que será mi familia: sus nietos, mi mujer y por supuesto el que os escribe. No sólo con el corazón sino también con la razón, me uno a la proclamación que el papa Francisco hacía en un encuentro de familias: “Dichosas esas familias que tienen a los abuelos cerca”.

Ciertamente estoy seguro que va a ser una dicha para mi familia, y que será de tal magnitud que hará palidecer y rebajar todo lo que ella pueda recibir de nosotros. Quien la conozca sabe que no hay nada de riesgo en ésta profecía ya que mi madre es sencillamente un ángel de dulzura inexplicable, que hará cierta, sin ningún tipo de duda, la afirmación del papa. Pero lo que verdaderamente quisiera en la reflexión de hoy, no es sólo compartir nuestra suerte, sino destacar el valor universal que encierran las palabras del papa Francisco. Sin caer en visiones simplistas o infantiles idealizaciones, y reconociendo que toda convivencia conlleva acomodo y por tanto dificultades, me gustaría poner en valor la gran verdad que encierra lo enunciado para cualquier familia: ¡Dichosas esas familias que tienen los abuelos cerca!

Sería sin duda bueno para nuestra sociedad el priorizar la tarea de tratar más y mejor a los abuelos, a los ancianos. Y ahondando en la anterior reflexión, la bondad de tal objetivo no proviene sólo de un deber moral, ni atiende sólo a razones de pura humanidad como bien describe el Salmo 71: “no me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones”. Unido a ese deber moral es necesario que profundicemos en lo mucho y bueno del convivir con los abuelos. Y no me refiero al innegable puesto de honor que ocupan como factor determinante en la conciliación de trabajo y vida para millones de familias, sino en cuestiones de mayor calado como por ejemplo la insustituible tarea que ofrecen en la educación de nuestros hijos, al ejercer padres y abuelos roles complementarios: en nosotros quizás predomine la disciplina, las normas, el trabajo, los límites…, mientras que ellos hacen protagonistas de su relación la ternura, la tolerancia, la serenidad, la paciencia o el tiempo que pueden regalar a nuestros hijos al encontrarse ya alejados de las prisas y ritmos trepidantes en los que nosotros solemos estar inmersos. No puedo evitar recordar a mi querido padre que entendió y ejerció con exquisita maestría y bondad esta bendita tarea.

Amoris Laetitia nos ayuda a profundizar en esta idea y nos advierte que “no se puede educar sin memoria” recordándonos el mucho bien que prodigan las narraciones de los abuelos a nuestros hijos sobre sus vidas, sobre la familia, sobre el país… afirmando, y no sin razón, que “una familia que recuerda es una familia con porvenir”.

Por tanto, el cariño, el cuidado, la atención, la convivencia con nuestros padres, con los abuelos de nuestros hijos, no es sólo cuestión de justicia es también bueno y necesario para el bien de nuestras familias. Por eso la mía está de enhorabuena, está de fiesta, nos viene una nueva vecina, la mejor vecina.

3 Comentarios

  1. Estupendo, impresionante y muy bien expresado .
    Tener a la abuela cerca en la puerta de al lado y si la señora está bien físicamente , es decir , si todavía hace buenos cociditos …….Que ricas las comidas de la abuela . Pero si por el contrario la abuela necesita ayuda y a la abuela se le olvidan las cosas , hay que llevarle la comida , etc etc .
    Así , el que está cerca llegará el día que se canse porque tiene su vida , su familia , su trabajo . Y hay que ponerle una señora que la cuide ….. O puede que dos porque no se puede quedar sola de noche y al final la abuela está mejor en la residencia.
    Así es que muy bien el Papa Francisco , pero en la practica , la mayoría de los casos ( no digo todos ) acaban como yo lo he descrito .
    A mi me faltan aun algunos años para llegar a octogenaria, pero si Dios quiere y me hago muy mayor (que ya soy mayorcita ) pues ya me estoy haciendo a la idea de terminar mis días en una residencia , por cierto yo visito una asiduamente y tengo mis amigos viejitos que les encanta contarme sus recuerdos y tener alguien que les den conversación y a mi me encanta visitarlos .

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