Familias sólidas


Aunque todavía no ha llegado el otoño, la incorporación al trabajo, la vuelta al cole, el ansiado fresquito mañanero, o el ver que el Kiosco de prensa aparece súbitamente forrado por multitud  de fascículos coleccionables, son aconteceres que nos adelantan  el equinoccio de Septiembre y nos permiten dar por terminado (¡y bendito sea!)  nuestro tórrido verano.

Es el pacífico y reflexivo otoño junto al comienzo de un nuevo año, los dos momentos más significativos a la hora de hacer nuevos propósitos. Y ciertamente  tenemos que reconocer que solemos ser muy poco originales  a la hora de elegir nuestros objetivos, siendo  moneda común el  hacer dieta, empezar una vez más con el  gimnasio, tirar el último cigarro o la siempre  tarea  inacabada de mejorar el segundo idioma.

Qué duda cabe que todas estas propuestas son benignas y recomendables pero hoy  leyendo un artículo de sociología me ha hecho pensar sobre un propósito que  bien pudiera presidir la lista de nuestras nuevas intenciones.

La semana pasada hablábamos de la alta estima y valoración que goza la familia. Esto hace no sólo bueno sino razonable el empeño por cuidarla, por procurar su estabilidad, por hacerla  “sólida”, para que el milagro permanente y cotidiano que sucede en cada hogar sea también  posible en cinco,  diez, veinte… años. Viéndolo así, estoy  pensando que no sería descabellado el establecer como  propósito personal para este nuevo curso, el afanarme por mi familia,  el  aumentar mi diligencia, mi celo por conseguir una cada vez más sólida y robusta familia.

¿Pero se puede trabajar por conseguir una “familia sólida”? ¿Hay algún secreto? La respuesta es afirmativa  y como anteriormente escribía, un par de sociólogos americanos me han animado a reflexionar sobre este tema. Es posible empeñarse en tan digno afán porque hay una serie de características,  de cualidades  que tienen en común las familias estables, las  “familias sólidas”,  y el  conocer tales peculiaridades nos permite iniciarlas o cultivarlas en la nuestra. Nick Stinnet y John De Frain, al analizar más de tres mil familias  concluían que las “familias sólidas”  comparten seis cualidades: Buena comunicación, tiempo compartido, entrega mutua, fe compartida y solido sistema de valores, el agradecimiento y por último la capacidad para afrontar problemas.

El estudio es solo un pretexto .Obviamente en esas características “no están todas las que son” ( la última encíclica postsinodal “La Alegría del Amor” da buena cuenta de ello),  pero lo interesante es que “son todas las que están” y sobre todo refuerza la  idea que una familia estable no es fruto del azar o de la casualidad, sino que la familia  se hace , se construye, es “tarea”, y esa actitud es la mejor manera para  evitar que se des-haga, se “disuelva”, en definitiva es  el mejor camino para disfrutar en el tiempo, del inmenso bien que nos ofrece la unidad familiar en aras de nuestra felicidad.

Comienzo pues mi otoño cumpliendo con la tradición  y coloco en un imán del frigorífico mi  propósito para el nuevo curso: “cuidar, cultivar aquellas cualidades que hacen  más sólida mi familia”. Sé que no es tarea fácil y que no soy el único involucrado en su éxito o fracaso, pero de igual manera  sé que en ese esfuerzo una cuota es mía, indelegable y a ella me dispongo  ilusionado, consciente que ese empeño tiene mucho más que ver con mi satisfacción  personal y mi felicidad, que hablar la lengua de Shakespeare o conseguir unos musculosos bíceps.

1 Comentario

  1. Es la institución a derribar. Todos y todo contra la familia. Si se destruye la familia, se acaba la civilización. !Cuanto hay que aprender de las razas (la gitana) y otras comunidades que su razón y su pervivencia se sustenta en la familia.
    Ánimo a todos los que luchamos y nos esforzamos por Hacer Familia

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