Antífonas de la O: ‘O Radix Jesse’


Hoy contemplamos en la espera del Mesías cantando la antífona O Radix Jesse: ¡Oh, raíz de Jesé!

Si el primer día invocamos a Jesús como la Sabiduría y en el segundo como nuestro Señor y Libertador, en esta jornada lo vemos como el Estandarte que se eleva por encima de las naciones y ante el cual todos se inclinarán.

El día 17 de diciembre, el texto del evangelio de San Mateo, hacía un recorrido por la genealogía de Jesucristo donde se hablaba de un total de catorce generaciones desde Abraham hasta David, otras catorce hasta el destierro de Babilonia, y otras catorce hasta el nacimiento de Cristo. Jesé cierra el primer ciclo de la genealogía, siendo el padre del Rey David.

Esta antífona tiene su fuente en el profeta Isaías 11,1: “Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.”  Y que San Jerónimo comentaba con estas palabras: “Pero nosotros por la vara de la raíz de Jesé entendemos la Santísima Virgen María, que jamás se ha unido a cualquier otro lechón, y de la cual antes habíamos leído: “He aquí que una virgen será madre, y dará a luz un hijo” (Isaías . 7.14). Y por la flor entendemos el Salvador, que dice de sí mismo en el Cantar de los Cantares: “Yo soy la flor del campo, y el lirio de los valles” (Cant. 2,1.). Sobre esta flor, por tanto, que a través de María brota de improviso desde la cepa y de la raíz de Jesé, reposará el Espíritu del Señor: porque “en ello se complació en habitar corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Col. 2.9.): y no en parte, al igual que en los otros santos: pero, como leen los nazarenos en su Evangelio escrito en hebreo: Descenderá sobre él toda la fuente del Espíritu Santo. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. (Santiago Grasso)

La raíz de Jesé es el Niño que va a nacer ante el que se postrarán y adorarán todos los hombres, y que será elevado en el estandarte de la cruz para escándalo de unos y necedad para otros, y para todos nosotros como la señal de nuestra salvación.

No dejemos de mirar esta señal en la perspectiva del final de los tiempos. María, quien da a luz al Hijo de Dios, es la señal en el firmamento de la que nos habla el libro del apocalipsis: “Apareció en el cielo una señal grande, una Mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas”. (Ap 12,1)

Imploremos en este día, por intercesión de la Santísima Virgen, al Niño Dios que venga pronto a nuestras vidas, que venga sin tardar y sane todas nuestras heridas. Por ello, oremos diciendo:

¡Oh, Renuevo del tronco de Jesé,

que te alzas como un signo para los pueblos,

ante quien los reyes enmudecen

y cuyo auxilio imploran las naciones,

Ven a librarnos, no tardes más”.