Mirad al Crucificado


Son muchos los momentos de la pasión del Señor donde tu corazón quede atrapado. Yo te animo a mirar al crucificado, ya sin apenas fuerzas, con un hilo de voz, te dice: “Tengo sed”

se trabaja el viernes santo 2021

Ayer tuvimos la oportunidad de participar en la Cena del Señor, donde Jesús se queda como verdadera comida y bebida. Es el alimento que nos sostiene en la vida de fe; sin ese alimento nuestra vida cristiana se seca y deja de dar frutos de amor. Una tarde, una noche y una mañana para gozar en su presencia acompañándolo en la trémula y trágica noche en la que es apresado, juzgado con iniquidad y maltratado hasta el extremo. Por ello, es bello y hermoso quedarse en su compañía; decía San Pío de Pietrelcina: “mil años disfrutando de la gloria humana no valen más que una hora que pasamos en dulce comunión con Jesús en el Santísimo Sacramento”.

En el Viernes Santo os invito a contemplar a Cristo crucificado, sentir cómo entrega su vida por amor, para darnos vida, para liberarnos de la esclavitud del pecado y alcanzarnos la gloria de la resurrección. Afirmaba Santa Teresa de Jesús que “en la cruz está la vida y el consuelo. La cruz es el camino para el cielo. En la cruz está el Señor”. Por ello, en esta tarde no tiendas a huir al contemplar al crucificado, sino más bien, arder en deseos de abrazarte a la cruz; no sientas vergüenza al contemplar a un rey desnudo, despreciado y desestimado, porque en esa debilidad humana en la que se encuentra se halla aquel que todo lo puede y por medio de su entrega va a acontecer una nueva creación, una nueva esperanza para la humanidad.

Son muchos los momentos de la pasión del Señor donde tu corazón quede atrapado. Yo te animo a mirar al crucificado, ya sin apenas fuerzas, con un hilo de voz, te dice: “Tengo sed”. Sí, tiene sed de ti, de un corazón transformado, un alma que aspira a conservar la pureza primigenia, un espíritu deseoso de calmar la sed de tantos rostros sufrientes de la sociedad de nuestro tiempo y que caminan a nuestro lado y que dejamos abandonados a su suerte.

Contemplad a María y Juan al pie de la cruz. Jesús desnudo en la cruz sin poder recibir el calor ni la caricia, ni la ternura de su bendita madre que en la niñez lo envolvió en pañales de hermosa blancura y pureza y que reclinó sobre su pecho. Solo los corazones enamorados permanecen al pie de la cruz. Una vez que se escucha el latir del corazón de Cristo no te puedes separar de Él: María desde la niñez y Juan en la última cena. Pide en esta tarde aspirar como Juan a llevarte dos tesoros para siempre: a María como Madre y el Corazón de Jesús.

El Corazón de Jesús que es traspasado y al punto mana agua y sangre. El agua que nos purifica y la sangre señal del fuego del espíritu que prende nuestro corazón. De la abertura del costado de Cristo traspasado nace la Iglesia y los sacramentos que nos santifican. Déjate atrapar por el corazón de Jesús y así vivir la locura del amor. El mundo de hoy necesita de muchos locos de amor para ser portadores de la misericordia divina. El corazón traspasado es la fuente de la salvación y nosotros los canales y acequias que lleven a todos los rincones del mundo la pasión de Cristo por el hombre.