Tiempo para construir


No era una ley franquista ni se le parecía, fue una ley democrática que permitió a una institución como la Iglesia acceder en igualdad de condiciones que cualquier otra institución.

La Mezquita-Catedral de Córdoba, durante la "Noche del Patrimonio"./Foto: Cabildo
La Mezquita-Catedral de Córdoba, durante la “Noche del Patrimonio”./Foto: Cabildo

Ha pasado una semana y aún no he escuchado ni leído una palabra de disculpa o reconocimiento en haber incurrido en un error por parte de aquellos que durante años vienen manteniendo una campaña de acoso y derribo contra la Iglesia de Córdoba en general, y contra el Cabildo Catedral en particular a cuenta de la titularidad de la Santa Iglesia Catedral.

Durante años se han realizado denuncias en medios de comunicación, en instituciones y organismos en todos los ámbitos -locales, autonómicos, nacionales e internacionales- afirmando que el Cabildo, en su apetito voraz de apropiarse de bienes que no son suyos, “se quedó con la Catedral de Córdoba por 30 euros”. En esta pertinaz actitud beligerante, siempre ha subyacido un rancio anticlericalismo desfasado e infantiloide.

El Cabildo siempre ha mostrado, en cambio, una actitud de transparencia y defensa de la verdad. Hemos respondido y dado explicaciones siempre que se nos han reclamado y hemos mostrado innumerables argumentos que clarificaban y evidenciaban que en todo momento se actuó conforme a la legislación vigente, cumpliendo con su responsabilidad ante el pueblo de Dios y ante la sociedad en general de inscribir la Catedral de Córdoba en el registro de la propiedad. Hecho, que a diferencia de otras confesiones religiosas, la Iglesia Católica estaba discriminada ya que no podía inscribir sus bienes hasta el año 1998. Y no, no era una ley franquista ni se le parecía, fue una ley democrática que permitió a una institución como la Iglesia acceder en igualdad de condiciones que cualquier otra institución.

El informe sobre inmatriculaciones presentado por el Gobierno a la mesa del Congreso viene a dar luz y hacer justicia. Ahora toca seguir caminando juntos, con un espíritu de sana colaboración como siempre ha mostrado la Iglesia de Córdoba. Es el momento de seguir trabajando en la conservación y mantenimiento de nuestro templo mayor con el asesoramiento de los mejores expertos y bajo la vigilancia del regulador, promocionar la ciudad teniendo como emblema nuestra Mezquita Catedral, y que el fruto de este trabajo repercuta ampliamente en la sociedad cordobesa, especialmente en los más pobres y en aquellas instituciones que se ocupan de los más necesitados como viene realizando el Cabildo Catedral.

Es bueno dejar atrás debates estériles y que nos animemos todos con un espíritu de unidad en ser conocidos y reconocidos por lo que somos, una ciudad abierta y acogedora que cuenta con la Mezquita Catedral, Casco Histórico y Medina Azahara, que son Patrimonio de la Humanidad y nuestros Patios y el Flamenco. Miremos hacia adelante, contemplemos el futuro, y unidos dibujemos aquella ciudad que atesora una rica historia milenaria y en la que todos podemos participar en hacerla aún más grande y hermosa.

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