Somos unos irresponsables

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Mercadillo de Lucena./Foto: Jesús Ruiz, Gitanito

Alguien podría pensar que tras esta época de pandemia algo cambiaría, el ser humano y las instituciones resurgirían con un nuevo fulgor, no sólo más fuertes, sino con un espíritu renovado. Una humanidad enamorada de la creación y de lo más bello que hay en ella que es el ser humano. Yo confiaba en ello. Percibía que acontecería una gran catarsis.

Pero cuál es mi sorpresa cuando constatamos el enorme desprecio que sentimos por nuestra vida y la de los demás. Basta con una simple mirada y comprobamos la gran irresponsabilidad general. Que más de 40.000 mil muertos, solo en España, no haya sido significativo, hospitales colapsados, colas del hambre y un panorama oscuro para los próximos meses no sea suficiente para que de una vez aprendamos a vivir, a asumir las exigencias de ser libres.

No me explico a qué se debe ese infantilismo e ineptitud, insuficiencia e incapacidad del hombre de hoy para saber regirse, ser autónomo, y construirse como un ser libre que busca una vida en justicia y verdad. Da la impresión de que gusta de estar teledirigido, confinado, sujeto a un tirano que nos diga cuándo, cómo, dónde y qué debemos ser. Esto es lo que siempre han pretendido los populismos baratos, el caos, para luego imponernos y someternos a su discurso en aras de una fallida y burlada libertad.

Todo se agrava cuando aquellos que están llamados a poner algo de luz, de criterio, de señalar un camino, un horizonte esperanzador, se hallan enzarzados en disputas cuya raíz está en salvaguardar un interés espurio y fraudulento y no en reconstruir una sociedad fuerte capaz de poder enfrentarse a nuevas pandemias sean de la índole que fueren con otro espíritu y fortaleza. 

Esto pinta mal. Si no recuperamos la cordura, lo vivido hasta ahora se quedará en una mera anécdota con respecto a lo que puede llegar a ocurrir. Simplemente con preguntar a quien sabe y tiene conocimiento de la cuestión sería suficiente para tomar conciencia de que estamos poniendo en peligro el devenir de los próximos años y, quizás más, a las próximas generaciones. Todo puede cambiar sencillamente siendo algo más responsables y mirando por nosotros mismos. Tener aprecio a la propia vida.

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