Burocracia o mala praxis


Los funcionarios del ayuntamiento de Córdoba necesitan reciclarse y saber que están al servicio de la ciudadanía.

Fachada del Ayuntamiento de Córdoba.
Fachada del Ayuntamiento de Córdoba. /Foto: JC

Normalmente la ciudadanía se queja con amargor por la inoperancia de nuestros políticos o por el incumplimiento de sus promesas. Y, cuando el nivel de incompetencia llega a colmar al santo Job, los ciudadanos, hastiados y resignados, acuden de nuevo a depositar su voto mirando a la otra bancada o a una sorpresa populista y ocurrente para seguir esperando un maná que nunca llega. Para muestra, un botón: Córdoba, la ciudad que más proyectos ha tenido en papel y que jamás han llegado a materializarse.

La pregunta que nunca nos hacemos es la siguiente: ¿siempre es culpa o responsabilidad de los políticos? Pues parece ser que no siempre es así. Este martes hemos conocido que el plan de asfaltado que lleva esperando dos años o más, es decir, que viene arrastrado desde la legislatura anterior, de signo contrario a la actual, vuelve a tener otro retraso por responsabilidad de un funcionario que no hizo bien su trabajo. Quién paga los platos rotos, pues el concejal de Infraestructuras. Qué me dicen de los 400.000 “leuros” de Urbanismo, pues por lo que parece otro fiasco de un funcionario, y el objeto de las críticas el responsable de Urbanismo.

Hay un “run run” cada vez más sonoro en muchos ambientes de la ciudad en el que parece ser que el estamento funcionarial de nuestro ayuntamiento y empresas u organismos colaterales, necesitarían una revisión sobre su formación, adecuación a los nuevos tiempos -eso que se llama reciclarse o actualizarse o formación permanente-, y también su estado de ánimo y compromiso laboral. Hay quienes piensan malévolamente que el estamento funcionarial del Consistorio se ha convertido en un grupo de presión que ata de pies y manos a los políticos, o les ponen palos en las ruedas… son como los “guays” que dicen qué, cuándo, cómo… se hace algo. Y para colmo de males, los políticos optan por no denunciar ni rebelarse ante esta situación por miedo al bloqueo permanente.

¡Manda narices! Nosotros quejándonos de excesiva burocracia y papeleo, o que nuestros políticos son unos desahogados, pero lo que parece es que en el estamento funcionarial de nuestro ayuntamiento hay algunos, que los hay, que necesitan ser evaluados y pasar un tiempo en la nevera reciclándose. Queda para otro día, el quehacer de los sindicatos en el ayuntamiento, que es de nota, y lo que acontece en algún órgano dependiente del ayuntamiento donde hay funcionarios que tienen este trabajo como segunda actividad y no como la primera. Es decir, que hay chanchullo.

Corporaciones de izquierdas, derechas, centro y mediopensionistas sufren y se quejan en silencio de esta realidad, y ninguno se atreve a denunciarlo. No es burocracia, que también, es mala praxis.

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