La escuela en estado de confinamiento

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Por desgracia, este estado de alarma a causa de la pandemia que estamos padeciendo, nos tiene a todos confinados en nuestros hogares. Por lo tanto, también a la escuela. No obstante, esto no es nuevo para los que amamos la enseñanza y tenemos vocación de educadores. La escuela lleva ya muchos años confinada en el ostracismo político e ideológico e intereses espurios. Aquí, durante años, la escuela no ha interesado salvo como arma arrojadiza en el plano político.

Así es, es la cruda realidad. Antes de que me pidieran dejar la Escuela para dedicarme a otras tareas, ya denunciaba que este no era el camino. La escuela necesitaba abrirse a otros métodos, otros lenguajes, sin perder su esencia de transmisión de saberes donde siguiera vigente la actitud del trabajo, sacrificio, mérito, la experiencia, la abstracción, enseñar para aprender y no para olvidar, la síntesis crítica, la libertad de pensamiento, la búsqueda de la verdad, formar personas libres con espíritu crítico capaces en el futuro de regirse por sí mismas, creativas, con un celo ardiente por seguir preguntando, buscando, convencidos de que aquello que pudieran soñar como futuro esperanzador podría hacerse realidad, porque el ser humano, hijo de Dios, no tiene límites en la búsqueda de la verdad, la belleza y la bondad de la creación, de seguir extendiendo este don tan maravilloso que recibimos cuidándolo con espíritu de servicio y no con la actitud de apropiarse de un bien que no le pertenece.

En ese espíritu de adaptación y progreso estaba la adecuación a los nuevos sistemas que nos proporcionaban los avances de las nuevas tecnologías. Sin ser más visionario e inteligente que nadie me arriesgué a ir por estos derroteros, igual que por la asunción de nuevas lenguas sin perder de vista que el pensamiento se estructura en la lengua materna. Y por aquella época, en que la Junta regalaba ordenadores que los fines de semana podías encontrar en la reventa de los mercadillos por cuatro “perras”, algunos centros de Escuelas Católicas, todos olvidados de la mano política excluyente, -ya que para los alumnos de la concertada no había ni equipos ni conexiones-, comenzaban a ser un referente, no puedo dejar de olvidarme de ese grupo empresarial, pequeño, pero grande en ideas como era DOSA Comunicaciones, de espíritu Salesiano. Estos cordobeses comenzaron a ponernos las pilas a todos.

Pero algo no se ha hecho bien. Ni la escuela pública ni la concertada ni la privada. Este estado de confinamiento nos está mostrando que no habíamos hecho el cambio. No nos habíamos adaptado a las nuevas realidades y menos aún en la aplicación de las nuevas tecnologías. Gasto en pizarras, en medios en el tratamiento de la imagen, plataformas diversas…, pero no se invirtió en preparar a los sujetos más importantes en la transmisión de saberes que son nuestros héroes educativos, los maestros y profesores. Las cabezas pensantes en cualquier red educativa se limitaron a implementar los avances tecnológicos sobrecargando y estresando a los educadores. No se les ayudó a aclimatarse a una nueva realidad a la que ya íbamos tarde. Pero lo más descabellado fue engañar con patrañas políticas a las familias con una educación 3.0 o la nomenclatura que ustedes quieran darle. A otras familias se les pidió dinero para plataformas como si en eso realmente estuviéramos jugando a la verdad, y esta ahora ha quedado al descubierto. Y, ¿qué pasó con las familias más vulnerables, con las que no tenían medios para tener un equipo o una conexión adecuada en casa? Y, ¿qué ha ocurrido con el alumnado con necesidades educativas especiales? En fin, unos y otros no nos dijeron toda la verdad, pero los mayores culpables han sido aquellos que han destinado el dinero de la educación o de la sanidad o de la justicia a chiringuitos políticos y a las tonterías más grandes como los laboratorios u observatorios políticos, como agencias de colocación de plañideras y rebaños.

Y, ¿ahora qué? Alumnos sobrecargados de tareas que están haciendo un gran esfuerzo y que de buenas a primeras se encuentran que todo el sacrificio va a quedar en “un pasar de curso”, desmotivando a aquellos alumnos cuyo esfuerzo lo quieren ver reflejado en un expediente brillante que dé constancia de que han adquirido los saberes necesarios y que les da la garantía de que su trabajo ha merecido la pena. Profesores que se han visto superados y cuyo esfuerzo ha afectado al clima familiar y sienten la frustración de no ver realizada la vocación que vertebra su existencia. Familias que han sentido impotencia y han evidenciado la imposibilidad de acompañar integralmente a sus hijos, igualmente desbordados por la situación. Y lo más triste aún, la brecha digital pone de manifiesto una brecha aún más dolorosa, la social, donde las familias más desfavorecidas ven con profundo dolor cómo sus hijos se sitúan en un espacio de exclusión.

Y, ¿ahora qué? No tengo la solución, ya quisiera yo. Pero quizás sí que podemos aprender y poner medios para que en un plazo corto y medio podamos superar este interdicho. Todo es superable con buena voluntad, capacidad, creatividad y determinación. Todo comienza por no negar la realidad, analizar, saber hacia dónde caminar y poner en juego los recursos humanos y materiales necesarios, eso sí, ya sin ideologías y buscando lo justo, lo bueno, lo bello y verdadero. Educar en libertad, educar para construir, educar en justicia, educar en verdad, educar para soñar un mundo mejor.

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