Algo original y necesario


En estos días hemos conocido que nuestra diócesis tiene como objetivo escuchar a los jóvenes y conocer de primera mano cuáles son sus inquietudes, necesidades, expectativas, sueños… Recibo este anuncio como una gran noticia, personalmente me ha llenado de ilusión y alegría, porque ha despertado y zarandeado mi interior, porque rompe con el dinamismo de una iglesia de mantenimiento y de conservación y se lanza, sin miedos ni complejos, a construir una comunidad cristiana que realmente responda al hoy y mire al futuro sabiendo bien dónde hunde sus raíces. Aquí la expresión de Karl Rahner sí que cobra sentido: “Jesús es el eterno contemporáneo”.

Que hay una lejanía entre la Iglesia y lo jóvenes eso es algo más que evidente. Pero también es innegable que esta distancia se encuentra en todos los niveles. Basta mirar nuestros templos cada domingo en la celebración de la Santa Misa. Pecamos en exceso de autocomplacencia y de generar innumerables eventos con los cuales se esconde o se obvia inconscientemente que ya no estamos en una sociedad de cristiandad. Peor aun, vivimos un tiempo muy complicado donde mantenemos estructuras y un modelo organizativo que supera, o no responde, o lo hace de modo insuficiente, a la realidad de la que participamos. Es el tiempo, sin miedos ni titubeos, de revisar y renovar nuestras formas porque el contenido sigue siendo fresco y vivo y de sentido para cualquier persona de cualquier tiempo histórico o lugar donde se encuentre: Cristo ha resucitado, Cristo vive, Cristo es la Buena Noticia, Cristo es el horizonte de sentido y vida, Cristo es la respuesta al hombre que busca ser feliz.

Escuchando al vicario general, Antonio Prieto, exponiéndonos el proyecto sobre el Sínodo de los Jóvenes, experimentaba en mi interior aquellas palabras de los discípulos de Emaús: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Sentimientos difícilmente explicables con palabras, porque por vez primera, en mucho tiempo, escuchaba una propuesta novedosa, innovadora, realista. Ignoro cuándo fue la última vez que la Diócesis propuso una idea de este calado, es decir, bajo el formato de un Sínodo. Un término o concepto que ya nos informa de la seriedad y determinación con la que se quiere mirar, escuchar, acompañar e incorporar a los jóvenes. Es decir, un proyecto donde los jóvenes son los verdaderos protagonistas, son los sujetos activos capaces de llevar al seno de nuestras parroquias, grupos y movimientos un aire nuevo e instalar un espíritu renovador, un clima de salida -como afirma el Papa Francisco-, un espíritu evangelizador con la valentía y provocación de los primeros apóstoles.

Ahora toca no estropear ni bloquear este proyecto. Ahora toca que los adultos, en verdad, escuchemos todo lo que tengan que decirnos los jóvenes. Escrutar junto a ellos, cómo la Iglesia los puede acompañar y de qué modo ellos se pueden convertir en apóstoles de sus coetáneos. Ahora toca no fallar y no generar más frustración en los jóvenes.

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