Adiós a las tonterías y pegos


Sí, adiós a las tonterías y pegos. Eso es lo que ha ocurrido durante este mes y de forma intensa en estos últimos días. Adiós a los filibusteros, generadores de división, que malviven en la miseria de anquilosar una ciudad en la banalidad del desencuentro, agüeros de desdichas, que disfrutan anclados en el discurso de la veleidad, esclavos de un programa que necrosa a una ciudad con capacidad para convertirse en el epicentro de la universalidad por todo lo que atesora, especialmente en sus gentes y en el patrimonio que han ido construyendo con el devenir de los tiempos del cual todos nos sentimos orgullosos.

Esos pájaros de mal agüero, hoy, se han visto al descubierto. Sus reiteradas mentiras, medias verdades, sospechas… “Ná de ná” como diría el castizo. Da igual que se revistan de ropajes de cualquier índole, da igual que se crean los gurús de la opinión pública, da igual que se crean los arcanos u oráculos que conservan la esencia histórica, cultural, creencia o pensamiento del pueblo, da igual que sean tan obtusos  y negados a la evidencia, da igual que su indiferencia y negligencia ante el bien común los conviertan en voceros de oscuridad y ostracismo. Córdoba puede con todo eso y más porque  es un pueblo que alberga en su mismidad, que conmemora en su presente y otea en el horizonte un futuro esperanzador lleno de oportunidades y bienestar.

Hoy, esta ciudad ha dado un paso hacia delante. El Ayuntamiento, con su alcaldesa a la cabeza, y el Cabildo de la Catedral, de manos del Deán presidente han dicho basta ya a tanta ignominia y a tanta miseria pueblerina y vayamos juntos a construir algo nuevo, algo que sea bueno para todos, algo excepcional para la ciudad de Córdoba. Y así lo ha entendido el principal partido de la oposición; José María Bellido celebraba con entusiasmo y regocijo el acuerdo porque es beneficioso para la ciudad. Y muchos también se alegraban de que tras tres años de distanciamiento institucional,  de un largo periodo de acoso y derribo contra la imagen de la Iglesia de Córdoba,  ambos cabildos lleguen a un acuerdo tan ventajoso y fructuoso para los cordobeses.

Entre tanto, los bufones de la corte, que si entrenaran serían aún más pegosos y quizás, si fueran fieles a su papel algo más graciosos, se permiten la osadía de cuestionar el bien de la ciudadanía con un discurso manido, trasnochado, fuera de lugar, que manifiesta la impotencia e ineptitud del dislate más absurdo. Es decir, como el perro del hortelano, que ni comen ni deja comer. Sí, no tengo porque esconderme, son los plataformos/as, los defensores/as mentirosos/as, los políticos/as iletrados/as, que no tienen otro entretenimiento u ocupación que darle leña a la Iglesia o a todo aquello que sea fructífero para una ciudad “jarta” de un discurso manoseado y putrefacto.

Adiós a las tonterías y pegos, y bienvenido sea el espíritu de servicio y entendimiento entre dos instituciones que surgen y crecen en el mismo tiempo y que desde siempre han estado llamadas al entendimiento y colaboración por el bien de la mejor ciudad que pueda existir en el universo creado, nuestra bendita Córdoba.

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