Lamentable y triste


En estos últimos días en los que hemos centrado nuestra mirada en el Mundial de fútbol y en el despropósito abyecto de cinco jóvenes que atentaron vilmente contra la dignidad de una mujer, se han producido otras noticias, más concretamente mirando a nuestra ciudad, que me han sobrecogido y causado un profundo dolor. Me refiero al hecho de que en Córdoba tengamos cuatro de los quince barrios más pobres de España, y que a su vez seamos una de las capitales con el mayor índice de paro.

En primer lugar, esta noticia me llevó a inquietarme en el interior y preguntarme, ¿qué estoy haciendo?, ¿pongo de mi parte, colaboro, ayudo a desterrar esta lacra? Vivo con muchas comodidades, poseo lo que no necesito para vivir… Siento vergüenza de mí mismo al constatar que al lado de mi puerta viven hermanos que no tienen lo elemental para llevar una vida digna. Corroboro con indignación cómo me he ido acostumbrando a este paisaje y pierdo la capacidad de asombrarme quedando cuasi insensible a tanto sufrimiento.

En segundo lugar, observo también que nuestra sociedad en general ha caído en la tentación de un pensamiento débil, de una profusa palabra vacua y en la pérdida del sentido del bienestar para todos, porque todos somos hermanos y todos construimos la sociedad. Decía Maimónides: “anticípate a la caridad al prevenir la pobreza”. ¡Qué cierto es! El pueblo y los gobernantes hablamos de ideas, proyectos, programas… y con ello pretendemos descansar nuestra conciencia. Craso error. “Mientras que la pobreza, la injustica y la desigualdad existan en nuestro mundo ninguno de nosotros podrá realmente descansar”(Nelson Mandela).

Pienso que todos debemos comenzar por examinar nuestra conciencia y reconocer de qué modo participamos para que esta situación de desigualdad y marginación permanezca y aún vaya en “crescendo”.  Seguidamente, hemos de ir a las raíces que son causa de la pobreza de nuestros barrios, no basta con el anuncio de planes o programas, eso ya está más que amortizado a lo largo de estos treinta años en nuestros barrios. E incluso, en alguna ocasión, se han convertido en planes que han llenado el bolsillo de cuatro amiguetes que viven a la sombra de un partido político: han confortado su conciencia solidaria y se han marchado sin llevar a cabo una transformación. Hay veces, que da la impresión que alguno quiere tener siempre a “sus pobres”, haciéndolos dependientes de sí, impidiendo que puedan progresar y desarrollarse como individuos con la misma dignidad y derechos.

Me quedo con esta sentencia: “La misma gente de la tierra se ha ocupado en un proyecto de defraudación y ha efectuado un arrancar en robo, y al afligido y al pobre han maltratado, y al residente forastero han defraudado sin justicia” (Ezequiel 22:29).

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