Cabrear al personal


Córdoba es presentada al mundo como la ciudad de la convivencia, el diálogo, el buen rollito, más fruto de lo que hoy se ha llamado la posverdad que de la verdad histórica. Para colmo, en el presente más inmediato, comprobamos sin asombro, que el personal está constantemente cabreado porque parece ser que quien tiene la honorable tarea de hacer fácil y gozosa la vida de los ciudadanos, vive en el empeño de fastidiarles el día a día y complicarles la existencia.

Si echamos un vistazo a este último tiempo, constatamos cómo numerosos sectores de la sociedad cordobesa se han visto envueltos en polémicas que han generado inestabilidad, preocupación, tensión…, fruto de una administración local instalada en la improvisación, sin una estrategia ni proyecto de ciudad, gobernando a golpe de titular. Cuando se gobierna pensando en la foto de la mañana siguiente, se puede caer en la vorágine del esperpento. Un botón de muestra: trabajadores de Cosmos, parcelaciones, cofradías, el mundo de la hostelería y la restauración, funcionarios locales, patrimonio, el deporte, barrios okupados… es que mires para donde mires, te encuentras un lío.

Lo anterior es preocupante pero solucionable en esta segunda etapa de gobierno si verdaderamente se asumen las responsabilidades y se actúa conforme al encargo dado por la ciudadanía. Si los representantes políticos, legítimamente elegidos por la ciudadanía, abdican de su tarea y siguen gobernado las asambleas ciudadanas sectarias que marginan cualquier otro colectivo que no sean de su cuerda, mal nos va a ir. Es bueno y justo escuchar a todos, pero quien gobierna y decide son los representantes que ha elegido toda la ciudadanía, y si no se quiere asumir este encargo por temor o por no sentirse capacitado, lo mejor sería, dejar paso a otros.

Estoy convencido que el gobierno local alberga el principio de servir y hacer de Córdoba una ciudad mejor. No obstante, el presente nos dice que algo está fallando. Unos, cómodos en el embrollo y el frentismo y, otros, mirando hacia otra parte dejando pasar el tiempo. Así no se crece, no hay progreso y desarrollo. Animo y pido poner los medios para revertir este estado de malestar y sinsentido, trabajar para ayudar a los ciudadanos a ser más felices y establecer estrategias y proyectos innovadores que generen esperanza en los más jóvenes.