Escribe un ángel del cielo

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barbara-castro-garciaHoy, en Madrid, una madre cordobesa recibirá el premio “Bárbara Castro a un corazón de madre”. Este momento, pasado el tiempo de su fallecimiento, me anima a escribir por primera vez sobre Bárbara con la que vivimos todo el equipo de la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación el comienzo de una gran aventura.

En el cielo se alquilan balcones para contemplar a la Reina enjoyada con oro de ofir, que trae hasta el altar de Dios, entre sus brazos, un alma de belleza sin parangón, pura, de hermosa blancura, que ha triunfado sobre el dolor, sobre el sufrimiento, hasta la extenuación; con espíritu humilde, silente, y la sonrisa angelical que brota de una vida alegre entregada a los lazos de la muerte, sencillamente por amor.

Es el Hijo de Dios quien pregunta a su bendita Madre y al cortejo de los ángeles que le acompañan: “¿Quién es esta hermosa criatura tan bella que sube de la tierra, lugar de espinas y abrojos? ¿Quién es ésta que viene tan pura y tan cargada de tantas virtudes, en tus brazos? ¿Quién es ésta que ha merecido entrar en la gloria con tanta honra y esplendor?” (A.M.L.) Y la Virgen María responde: es mi hija amada Bárbara, que supo ser una hija dócil, obediente, cariñosa y entregada a sus padres Antonio y Leonor y hermanos; joven entusiasta, emprendedora, creativa, arriesgada, que impregnaba de gozo los corazones de quien convivió con ella; amante, tierna y fiel esposa, que dio a luz un hogar como el que te dimos José y yo; una madre que solo vivió para que su hija tuviera vida, que no huyó ante la adversidad, que abrazó la cruz de la enfermedad confiada en tu Palabra, que jamás perdió la esperanza porque creyó que el don de la vida era un regalo inmerecido y siempre confió y esperó en ti. La Trinidad entera manda a los serafines y querubines ante la beldad, lindeza y perfección de la sonrisa más hermosa que se pueda llegar a conocer, que la revistan de la blancura celestial, y le entrega la pluma de la divinidad con la que seguirá escribiendo crónicas, siendo ahora la periodista más angelical y sublime: aquella que contará la verdad de la eternidad.

Así sueño la llegada de Bárbara al cielo, así la siento cada vez que contemplo su retrato en mi despacho. Muy joven el Señor la llamó para ser cronista del paraíso. En el esplendor de la vida, en el instante mismo en que gozaba de una extraordinaria felicidad. Realizada y entregada a su profesión de periodista; exultante por su incipiente matrimonio con Nacho de quien estaba locamente enamorada; jubilosa y radiante al conocer que iba a ser madre de una preciosa niña. No encuentro palabras para describir tantas y tantas emociones, confidencias, sueños, proyectos…; ella volaba por encima de todos sin perder nunca los pies, una fortaleza que nacía de un carácter y genio recio, enérgico, que afrontaba con ardor guerrero la adversidad, plantaba batalla a la contrariedad, siempre de frente, sin perder nunca la cara a una oscuridad doliente y sufriente que bregaba por borrar su sonrisa, apagar la llama de un alma franca y luminosa. Su fe le hacía ganar contienda tras contienda, la esperanza vencer la guerra y la caridad poder alegrarse como María, vestida de sol, porque Dios estaba con ella, y ahora nos queda esperar para encontrarnos un día con esta pizpireta y dulce mujer y así alegrarnos con ella en la gloria.

Estoy convencido de que desde el cielo, amablemente, observa y bendice la lucha titánica de unos padres y hermanos afligidos por su ausencia, que no renuncian a que su memoria se pierda en el olvido de los años; dice bien del amor de su vida que peregrina como custodio del don de su amor: su pequeña hija. Una niña por la que ella entregó su vida, nadie se la quitó, para que ella tuviera vida. El fruto de sus entrañas a la que guardó, cuidó, mimó con entrañable y sublime amor, a la que sus escasas fuerzas, unos brazos abatidos y frágiles casi no la permitían acercar hasta el regazo de su pecho, para que su pequeña sintiera el latir de su corazón. Una niña que en este mundo sabrá de la lindeza de los ojos de su madre, la sonrisa que dibuja la comisura de sus labios, la sabiduría imponente de su mente, su capacidad de trabajo y sacrificio, su enorme generosidad y disponibilidad, su coquetería, atractivo, primor, elegancia y gentileza que causaba admiración en quien simplemente la veía pasar, por el testimonio de aquellos que tuvimos la inmensa suerte de conocerla, quererla y sentirnos queridos por ella. Pero desde el cielo, como vigilante y tierna madre, seguirá cuidando de su eterna pequeña cada aurora con el beso que la despierte, el susurro al alma inquieta de un consejo maternal, en el gozo de su primer amor, en el cobijo y acogida de una larga vida de lucha, y cada noche en la cálida mejilla angelical que le dará la paz y la seguridad.

Querida Bárbara, mi niña, siempre mi niña, junto a la que caminé, trabajé, sufrí… pero siempre reí…; sigues aquí, no solo en la foto de mi despacho contemplándote cada día, sino en el corazón de quien te quería como a una hermana. Siento tu voz… te siento cerca… ya te vale. Te quiero y espero verte, y allí arriba armaremos lío y del bueno. Sigue escribiendo, cuéntanos cómo son los días en el cielo, descríbeme el paraíso, nárrame las travesuras de los ángeles…, pero, sobre todo, háblame de Jesús y de la candidez de María… Cuéntame, ángel del cielo.

9 Comentarios

  1. Qué preciosidad Jose Juan… la piel de gallina.Enhorabuena. Los que estamos con Barbarita a diario intentaremos que sea siempre feliz.

  2. Para todos los que conocemos a esta maravillosa familia, y en especial a mi gran amigo Israel al que tanto le debo, al leer este texto tan bonito me he emocionado, se que tú hermana barbara fue llamada por Dios para tener un angel a su lado.
    Un beso enorme y que la recordemos tal y como era una persona fuera de lo común.

  3. Mil gracias José Juan por esa maravillosa carta. ¡ como la conocías ¡ No me canso de leerla y me sigo emocionando como el primer día . Fue una gran suerte tenerla a mi lado durante 31 años y un gran orgullo por todo lo que consiguió en su corta vida y lo mucho que nos amo. Gracias por todo. Un abrazo

  4. Ayer hablé con sus padres y supe que Bárbara, a la que no tuve la suerte de conocer, vela por ellos. Personalmente me sería imposible hablar de una trance parecido y no venirme abajo, maldecir la vida y renegar de todo.
    Ya me gustaría tener la fe transformadora de ellos, el don de palabra de José Juan y parecerme siquiera un poquito a Bárbara.
    Pero definitivamente, hoy, después de 53 años, sé que hay motivos para la esperanza. ¡¡Gracias!!

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