Camino a la Catedral

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Hoy estamos de enhorabuena tras las histórica decisión que han tomado las Hermandades y Cofradías de Córdoba de trasladar la carrera oficial. Me congratulo porque desde siempre he sido un convencido de la importancia de realizar estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral. Vivimos con gozo la culminación de un hondo deseo que albergaban en el corazón las hermandades y que unas pocas, con tesón, firmeza y ejemplaridad venían realizando mostrándonos a todos que era posible alcanzar este sueño.

El camino que nos ha traído hasta aquí no ha sido fácil, ha supuesto un esfuerzo ímprobo por parte de las juntas de gobierno de las distintas cofradías. Muchas de ellas, por no decir todas, tienen que realizar grandes sacrificios. Ahora toca cristalizar cómo se va a desarrollar del mejor modo posible la carrera oficial y los recorridos parciales desde las sedes canónicas hasta el templo mayor. Por delante quedan meses de trabajo extenuante, una tarea que se presenta ardua, compleja y complicada. Un quehacer donde concurren diversas y heterogéneas circunstancias que para unos serán insalvables o innegociables o inasumibles, históricas -por lo tanto inamovibles-, y novedosas que permitirán contemplar estampas hasta ahora inéditas. Aquí, la Agrupación de Hermandades, tendrá que liderar un espíritu de consenso, que con mesura y templanza, augure y garantice un final satisfactorio para todas las corporaciones que pasarán a partir de ahora bajo el arco de Bendiciones hasta la capilla de Villaviciosa, hasta el corazón de la diócesis.

Ahora es el tiempo de seguir siendo extremadamente generosos, no sólo los responsables de las cofradías, que ya están dando muestras de ese espíritu de caridad y comunión, sino también de la Iglesia y el Ayuntamiento, así como las demás instituciones y asociaciones de cualquier índole porque estamos ante una cuestión que deberíamos asumir como un proyecto de ciudad. Una apuesta que es beneficiosa para todos: los es para las Cofradías en tanto en cuanto la estación de penitencia adquiere un sentido más pleno; la Iglesia porque tiene ante sí una acción evangelizadora de incalculable valor; el Ayuntamiento, una herramienta extraordinaria de proyección y difusión de la ciudad; y otros muchos se verán beneficiados en su actividad empresarial y así todos, directa o indirectamente, nos vemos favorecidos gracias a la actitud desprendida y magnánima de los cofrades.

Con esta decisión las Hermandades y Cofradías, como asociaciones públicas de fieles también están enseñando y mostrando a las demás comunidades, asociaciones y grupos cristianos que la Santa Iglesia Catedral es la expresión de la unidad y comunión de toda la Iglesia diocesana, bajo la autoridad del Obispo, que nos mantiene en la unidad de la misma fe que hemos recibido a través del testimonio ininterrumpido de la sucesión apostólica: “La iglesia catedral es aquella en la cual el Obispo tiene situada la cátedra, signo del magisterio y de la potestad del pastor de la Iglesia particular, como también signo de unidad de los creyentes en aquella fe, que el Obispo anuncia como pastor de la grey” (Ceremonial de los Obispos, pag. 42).

Reitero mi felicitación a las Hermandades y Cofradías porque, como he escrito en otras ocasiones, acudir a realizar la estación de penitencia a la Catedral es visibilizar y renovar nuestra comunión, que todos somos uno como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno. Somos el nuevo pueblo de Dios, que unidos en el amor, sale a las calles y plazas a animar en la esperanza a un mundo que por momentos pierde el verdadero sentido de la existencia y les lleva por un camino alejado de la felicidad plena. La visibilización de ese amor y unidad se convierte en un testimonio alegre y elocuente de la Buena Noticia: “La iglesia catedral “por la majestad de su construcción, es signo de aquel templo espiritual, que se edifica en las almas y que resplandece por la magnificencia de la gracia divina (..) Debe ser considerada ciertamente como imagen del Cuerpo místico de Cristo, cuyos miembros se unen mediante un único vínculo de caridad, alimentados por los dones que descienden como el rocío del cielo”. (Ceremonial de los obispos, pag. 43)

Por lo tanto, felicidades a todos, ánimo y templanza en los próximos meses y siempre, siempre de frente.

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