Renovarse o morir

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Una vez más, el segundo sábado de octubre, después del día once, se abrió la temporada
de Caza Mayor en Andalucía. Una vez más, bajo unas condiciones climáticas inadmisibles para la práctica de la Caza (que podrían ser peores si se siguiese el ejemplo de otras Comunidades como Extremadura, que todavía adelantan más las fechas de Caza). Una vez más, sin que se tomen medidas para remediar este tremendo desaguisado.

Ni la Administración, ni los propietarios y organizadores, ni los propios cazadores, han hecho nada para remediar esto. Se echa la culpa a las altas temperaturas, a la ausencia cada vez más preocupante de precipitaciones o, incluso, al cambio climático que, cual apocalíptico peligro, terminará por destruir nuestro mundo.

Nada más lejano a la realidad. La verdad reside, única y exclusivamente, en la incapacidad mostrada por los colectivos antes citados para adaptarse a las circunstancias reales que cada temporada nos depara. Cuando se publica nuestra Orden de Vedas (por cierto con muy ligerísimas variaciones desde el año 2011), es imposible predecir las condiciones climáticas que acontecerán al principio de cada temporada. Con buen criterio, el actual Gobierno autonómico actual, decidió esta temporada adelantar la publicación de la referida Orden de Vedas al mes de mayo. El motivo resulta obvio y reside en la planificación que, cada día más, necesita la actividad cinegética en su modalidad de Caza Mayor.

La solución a este problema no consiste, como demandan algunos sectores poco duchos en este mundo, en retrasar la publicación de la norma hasta el mes de septiembre, pues ello haría inviable preparar las fincas y organizar tantas y tantas monterías, con todo lo
que ello conlleva.

Otras Comunidades, por fortuna, no tienen esa problemática. Las situadas más al norte, y dadas sus características climáticas y la muy diferente concepción de las propias jornadas de Caza, no tienen ese problema. Ni sufren altas temperaturas, gozan de más abundantes precipitaciones y, además la propia idiosincrasia de su manera de entender la Montería les exime de la premura de tener que preparar una jornada cinegética con meses de antelación.

En Andalucía, cuna de la Montería Española, y por suerte, esta realidad cinegética se asienta en unas raíces antropológicas mucho más sólidas, más asentadas, y su trascendencia social, económica y en materia de empleo es infinitamente más importante. Es por ello que, entre todos los sectores implicados, hay que buscar una solución realista y duradera que evite el sinsentido actual.

Es cierto que hay temporadas en los que el problema se minimiza, en parte al adelanto de la otoñada que, por desgracia este año no se ha producido; pero también es cierto que esto no se puede prever. Por tanto la posible solución, desde el punto de vista normativo, radica en atrasar, como mínimo hasta el último viernes o sábado del mes de octubre la apertura de la Caza Mayor, y retrasar también el cierre de la temporada a lo largo del mes de febrero.

De esta manera se minimizarían en gran medida los rigores climáticos que a primeros de mes se sufren. Además, esto no afectaría a la gestión que las fincas cercadas (mediante recechos, aguardos y caza selectiva) realizan desde verano (dadas las especiales características que en estos escenarios se dan).

Esta medida debería ir acompañada de otras. En primer lugar, la propia Administración debería implantar en las fincas públicas con aprovechamiento cinegético los correspondientes escenarios para campeo de perros, donde las Rehalas de la zona puedan acudir con anterioridad a la apertura de la temporada, a entrenar a sus perros, auténticos atletas especializados, y que después de algunos meses de inactividad necesitan ponerse a punto para evitar consecuencias no deseadas.

Precisamente, y en todas estas fincas públicas, la propia Administración debería instalar también muladares de uso público, donde poder depositar los residuos autorizados para tal fin, que servirían de alimento a numerosas aves necrófagas y evitarían los cada vez
más frecuentes ataques de éstas al ganado doméstico.

Si nos ceñimos al ejemplo concreto de esta temporada, la apertura hubiese sido el sábado 26 de octubre, y el cierre, el domingo 24 de febrero de 2020. Alguien podría
decir que si no llueve, y siguen las temperaturas altas, el problema no desaparecería
pero, al menos se minimizaría bastante.

Creemos que, utilizando un símil taurino, es hora de coger el toro por los cuernos, y de que nuestra Administración autonómica se implique de una vez por todas en unproblema que llevamos muchos años sufriendo. De forma simultánea, habría que entablar conversaciones con las Comunidades autónomas vecinas (Extremadura y Castilla La Mancha), para consensuar una política normativa común. De esta manera, los efectos indeseados de una precipitada apertura de la temporada, a los que antes nos hemos referido, desaparecerían en gran parte.

Esperamos que la Virgen de la Cabeza, Patrona de todos los Monteros, ilumine a nuestros gobernantes y nos cobije bajo su Manto.

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