Mala suerte


El objetivo no es lanzar una película, sino intentar abrir un debate social sobre tal o cual personaje

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Cartel de 'Sin límites'. /Foto: LVC

Me da la impresión de que en España se ha tirado la toalla en lo que respecta al uso de su historia como filón audiovisual. Parece que ya no hay remedio, que todo va a peor y que se trata de una maldición de la que por el momento no se encuentra salida.

Miramos con envidia a Francia y sobre todo al Reino Unido por cómo saben mirar su pasado, presentarlo en la pantalla con dignidad y, además, limpiarlo discretamente de esos periodos sombríos que todos conocemos y que para ellos nunca han existido.

En España es al revés. Aquí nos regodeamos en la desgracia propia, seguimos dando carta de naturaleza a la mal llamada leyenda negra y aprovechamos la mínima oportunidad que se nos presenta para lanzar piedras sobre nuestro tejado así como para intentar cargarnos todo aquello que puede suponer un motivo de orgullo. Ah, y para hacer que los curas sean siempre los malos de la película.

Salvo la excepción de ‘Isabel’, el resto de películas y de series que se han asomado al pasado en los últimos tiempos lo han hecho con un enfermizo afán revisionista que se ha saldado con productos torpes, incompletos y sesgados que afortunadamente han cosechado la indiferencia del público. Son caras inversiones en las que no falta el dinero público, que es el de todos, y que en la mayoría de las ocasiones no gozan del favor de la crítica ni de la taquilla. Intentan una vez y otra perseverar en el sesgo, pero esa contumacia no llega al gran público.

Nos quejamos de que el mundo del cine se fija poco en nuestra historia, pero es que cuando lo hace no da ni una. Ahí tenemos los casos más reciente sobre los últimos de Filipinas o los de El Cid y Elcano, por ejemplo. Con lo fácil que era haber triunfado con un mínimo de respeto a la historia, que en la mayoría de las ocasiones es más rica y más atractiva que la mejor de las ficciones.

Cada vez me convenzo más de que el objetivo no es lanzar una película, sino intentar abrir un debate social sobre tal o cual personaje en los días que dura la promoción de la película, antes de que ésta caiga en el más oscuro de los olvidos. Es lo que ha ocurrido con la miniserie sobre Elcano, en la que hubiera sido más rentable cambiarle el nombre y la nacionalidad a los personajes para así lograr algo de interés.

No es que el actor que lo protagoniza diga que ha hecho un personaje de izquierdas, o que se refleje una forma de ser y de pensar que deja sin sentido lo que se quiere contar, es que, encima, todo esto te lo cuentan con la ceja levantada, desde la superioridad de su podio moral, para que mordamos el anzuelo y nos creamos que lo que realmente ocurrió es exactamente lo que se acaban de inventar.

Creo que con la serie ‘Isabel’ cometieron un error, que alguien se la coló sin que se dieran cuenta. De ahí su éxito. En sus manos, la reina católica hubiera salido con un foulard morado, hubiera conciliado en su mandato, y habría castigado severamente a todos los que la cosificaron con sus melosas reverencias. 

Con la miniserie sobre Elcano, que por supuesto no voy a ver, engordo mi envidia hacia el Reino Unido, que tan bien y tan objetivamente sabe abordar su pasado cada vez que lo hacen. Porque cuando aquí anuncian algo basado en un hecho histórico es para echarse a temblar. Siempre me temo lo peor.