Más España vaciada


Estamos en el siglo XXI, el de las comunicaciones, la inmediatez y la eliminación de las distancias, pero el Gobierno no se entera, o no se quiere enterar

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Estación de autobuses. /Foto: LVC

Que luego nadie se lleve las manos a la cabeza cuando el INE nos diga que hay pueblos que están perdiendo población a velocidad de vértigo. Que nadie lamente que las empresas no se quieren establecer en el ámbito rural, que las escuelas cierran sus puertas y que los cajeros vuelan como el dinero a final de mes.

Que tampoco luego haya políticos gimoteando sobre la leche derramada ni que prometan ayudas que nunca llegan -a la vista está- para remediar algo de lo que son responsables.

La información desvelada esta semana por El Día de Córdoba con la firma del gran Ángel Robles ha puesto de los nervios a más de uno por sacar a la luz un plan del Ministerio de Fomento cuya consecuencia más clara y directa es pedirle a quienes viven en la España rural que se aten bien los machos, que las excelencias del transporte público y lo de la mejora de las comunicaciones no dejan de ser milongas ideológicas, porque a la hora de la verdad recortan en este terreno de la misma manera que acusan al adversario de recortar en otros.

En síntesis, por su usted no está al tanto: que el Gobierno de Pedro Sánchez quiere eliminar un paquete de líneas de autobús por carretera y dejar a un buen número de pueblos sin parada y que la zona norte de la provincia es otra vez la que se lleva la peor parte. Además, si le apetece hacer un viaje más largo, hágase a la idea de dedicar muchas más horas de la cuenta, de cambiar varias veces de vehículo y de pasar por lugares inesperados que no se encuentran en la línea recta que se traza entre origen y destino.

La reacción del Ejecutivo socialista a esta noticia ha sido de libro, de lo que se va a estudiar en el futuro sobre lo que no hay que hacer para salir de una crisis de este calado. La disentería repentina que asoló el Ministerio de Transportes hizo que obligaran a una secretaria general a comerse un marrón de forma vergonzante y a “lanzar un mensaje de tranquilidad”, que es lo que todo político de medio pelo hace cuando no se le ocurre una solución mínimamente airosa.

Porque la salida que proponen es que las comunidades autónomas se busquen la vida y recompongan lo que el Gobierno de Sánchez ha deshecho. Vamos, lo de siempre. Cuando han visto lo que les ha caído encima intentan rectificar y señalar que, bueno, que es un punto de partida para dialogar, negociar y consensuar. Pues como se dialogue, se negocie y se consensúe como la ley Celáa o la de eutanasia, entre otras muchas, vamos apañados.

Estamos en el siglo XXI, el de las comunicaciones, la inmediatez y la eliminación de las distancias, pero el Gobierno no se entera, o no se quiere enterar. Pedro Sánchez quiere devolver a los cordobeses de los pueblos al ecuador del siglo XX, cuando los engorrosos transbordos se mitigaban a media noche en las cantinas con un bocadillo de chorizo y una cerveza de quinto.

Pero no hay que vivir en un pueblo para sentirse perjudicado, agraviado y maltratado por el Ejecutivo, sino que a los de la capital, entre otras cosas, les priva de la conexión directa en autobús con Cádiz y Huelva. Si esto se aprueba, no traerá cuenta pasar un fin de semana en las playas de Punta Umbría o en el Puerto de Santa María, porque las pocas horas disponibles se perderán en los puñeteros transbordos, dando rodeos inexplicables.

Que el periódico El Día haya desvelado estas intenciones sobre el transporte de pasajeros por carretera en plena campaña electoral es el peor golpe que pueda recibir en estos días el PSOE y su candidato, Juan Espadas. Dirán que ya se arreglará todo, que no es nada definitivo o le echaran la culpa a Juanma Moreno, que es lo más probable, fijo. Es que lo veo venir.