Bill Gates entra en la campaña andaluza


Del encuentro estelar en La Moncloa ha trascendido lo que han querido que trascienda, además, de mucha foto y de mucho ‘selfie’

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Pedro Sánchez y Bill Gates. /Foto: LVC

El magnate Bill Gates está en España y, de momento, su repercusión mediática no ha pasado de unos ‘selfies’ con quienes babean ante cualquier iniciativa de este individuo, ya sea tecnológica o de ingeniería social. El fundador de Microsoft disfruta, y mucho, modelando las masas de todo el continente. Como tiene poder para ello, cada ocurrencia suya cuenta enseguida con legiones de seguidores.

Lo de la informática parece que ya no le atrae junto y que lo que realmente le pone es jugar a líder mundial, a entrometerse en la democracia y en la soberanía de los países para hacer de las suyas y entretenerse con la imposición de normas que no ha aprobado ningún Parlamento. La denominada Agenda 2030, por ejemplo.

Bill Gates ha venido a España y enseguida se ha puesto el foco en una agenda frivolona y de perfil bajo: que si viene a ver a los Rolling Stones, que si a presentar su nuevo libro. Da igual, el motivo real de su viaje se dirime lejos de los focos, con personajes de segundo nivel pero con poder decisorio.

Del encuentro estelar en La Moncloa ha trascendido lo que han querido que trascienda, además, de mucha foto y de mucho ‘selfie’ adobado con las más huecas de las sonrisas. Colegueo del bueno. Eso sí, y todo ofrecido como un encuentro entre dos líderes mundiales, que dejan la cumbre de Yalta como la foto de unos pensionistas en un banco del jardín del Alpargate.

De esta visita quedará la espuma, lo superficial, pero Gates regresará en su avión privado -propulsado por energías sostenibles, por supuesto- con la satisfacción de haber cerrado un negocio de altura con el cada día más endeble Gobierno de España. El trato no lo cerró con Sánchez porque hacerlo en La Moncloa daba mucho el cante. Lo hizo un rato antes, como el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, porque unos y otros sabían que de este modo no se iban a fijar mucho los medios de comunicación. Como así fue.

Tan escasa ha sido la repercusión de este encuentro, del que ni siquiera hay rastro en la web del Ministerio, que ha sido el propio ministro, quien, a lo mejor, sin pretenderlo, desvelaba su trascendencia. Albares, en su cuenta de Twitter, subrayaba que en la reunión se había hablado “sobre la importancia del partenariado público-privado en cooperación para salud, género, adaptación climática, y transición y seguridad energética”.

Bill Gates hizo tragar a un miembro del Gobierno de Sánchez uno de los sapos de los que este nuevo PSOE enarbola en contra del PP y de lo que denominan ultraderecha: la colaboración público privada. En Córdoba hemos visto a los socialistas hacer mohines extraños cada vez que la menciona el alcalde y en el ámbito andaluz parece ser que es la única munición que utiliza Juan Espadas contra los populares.

Como el candidato socialista cuenta con el lastre de que de vez en cuando aparece por aquí Pedro Sánchez para hacerle bajar en las estimaciones de voto y como tampoco puede sacar mucho pecho de la gestión final de sus 37 años en la Junta, Espadas ha recurrido a fustigar la sanidad pensando que ahí tendrá un posible rédito electoral.

Pero el modelo sanitario que Juan Espadas defiende de Despeñaperros para abajo no tiene nada que ver con el que se habló esta semana en el  Ministerio de Asuntos Exteriores, qué va. Es todo lo contrario. La intención de Bill Gates es hacer caja, y de las gordas, con la sanidad, pero también con el denominado género, con la adaptación climática y con la transición energética. Cuando Espadas critique lo del enriquecimiento de los amigos piense usted en Bill Gates. Y no se equivocará.