Los Patios y el relativismo


Cuando se obtuvo el reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, varias personas avisaron de que podrían morir de éxito

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Patio de la calle Marroquíes. /Foto: Europa Press

No es la primera vez que pasa y vuelve a contar con la misma respuesta: el silencio, la indiferencia de quienes están obligados a su defensa. Desde la Diputación Provincial se ha vuelto a lanzar el aviso de que quieren incluir a los patios de algunas localidades de la provincia en la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que es exclusiva de la capital para su Fiesta de los Patios, y que ya han iniciado los contactos con la Unesco.

Si esto se consumara, el perjuicio para la ciudad de Córdoba sería tremendo, ya que se desdibujaría la esencia por la que se concedió este reconocimiento. El relativismo camparía a sus anchas y cualquier pared encalada con tiestos gozaría de las prebendas que ampara este reconocimiento internacional. ¿Quién se apunta?

La Diputación está en todo su derecho de defender las celebraciones de todo tipo, tan ricas y variadas, que se reparten por la provincia. Hay donde elegir y todas ellas merecen de la mejor promoción. La labor que realiza en esta materia es digna de reconocimiento porque no escatima esfuerzos para promover unos recursos turísticos imbatibles, como el chuletón de Sánchez.

En cambio, lo de los patios es otra cosa. Si hace ya una década, cuando se obtuvo el reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, varias personas avisaron de que la Fiesta de los Patios podría morir de éxito, se está comprobando que desgraciadamente van a tener razón. El alud anual de visitantes, el encorsetamiento del concurso, y el afán de algunos propietarios por rentabilizar económicamente su patios están distorsionando sobremanera los valores que la Unesco pretendía proteger. Si, además, ampliamos la declaración internacional a recintos de cualquier tipo decorados con macetas, pues hacemos un pan con unas tortas.

La Diputación Provincial hace muy bien en convocar su concurso anual, para reconocer los patios, las rejas y los rincones con encanto de distintas localidades que se presentan cada año en una competición que en sí ya merece la visita a estos pueblos, pero parangonar esta actividad con la Fiesta de los Patios de la capital demuestra no saber muy bien de qué va la historia. Son dos cosas distintas, que no tienen nada que ver una con otra.

Una cosa es el buen rollito que se ha mantenido hasta ahora en esta materia y otra es la claudicación, la entrega incondicional de un reconocimiento logrado a pulso en un proceso que no fue nada fácil pese a todos los elementos a favor con que se cuenta.

Como decía, es la segunda vez que desde el organismo provincial se avisa de que ya se está en negociaciones con la Unesco para ampliar la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que la capital ganó en 2012. Hasta ahora, ni el Ayuntamiento ni ninguna de las asociaciones relacionadas con los patios han dicho ni pío. ¿Algo tendrán que decir, digo yo? Porque ampliar la declaración tiene efectos sobre unos terceros que guardan silencio. Además, el radio de protección a los patios se amplía considerablemente y el protagonismo habrá que repartirlo, con el riesgo, ante la potente artillería publicitaria de la Diputación, de quedar la capital diluida en la nada; es decir, que un concejal de Festejos de la Subbética le restaría lucimiento a Marián Aguilar, vamos.