Una historia a medida


Serán expertos en las meteduras de pata de González Bravo, pero desconocerán el papel político del cardenal Cisneros

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Cortes de Cádiz. /Foto: LVC

La historia es molesta. Y mucho. No hay más que ver cómo se ponen algunos de hiperventilados cuando les nombras al sensato de Julián Besteiro o a los Reyes Católicos. Llevan años intentando moldear el pasado a su antojo y como la operación hace aguas y sólo cala en muy pocos han decidido cortar por lo sano y decidir lo que es historia y lo que no lo es. Así, ‘manu militari’, han acordado que la historia de España empieza en 1812, por lo que todo lo anterior será considerado prehistoria, algo propio de frikis que se juntan los sábados por la tarde para hablar de personajes raros como Felipe II o Quevedo. Algo que no estará al alcance de cualquiera.

Lo de comenzar la historia en 1812 es una bomba de relojería que les va a estallar en las manos sin esperarlo. O ejercen una censura calvinista o los chavales se van a topar de bruces con el artículo 12 de la Constitución redactada en Cádiz que dice: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera”. Vaya, el primer sofocón de los gordos. El siguiente trago indigesto será explicar que de los territorios de ultramar vinieron diputados que participaron en igualdad de condiciones que los de Guadalajara o Burgos. Así, de un certero golpe, se desmonta la teoría de las colonias de América y bla, bla, bla.

Como estoy convencido de que dentro de 10 años, y de 20, seguirá emitiéndose el concurso ‘Saber y ganar’, en el que permanecerá Jordi Hurtado como presentador, será el momento de tomarle el pulso a esta enésima reforma educativa que ahora se ha lanzado como globo sonda. Serán expertos en las meteduras de pata de González Bravo, pero desconocerán el papel político del cardenal Cisneros; lo sabrán todo sobre Amadeo de Saboya, pero ignorarán lo que significó para occidente la Escuela de Salamanca.

El siglo XIX, en el que están tan obsesionados, es un terreno con más minas antipersonas que los arrozales de Camboya. La revisión progre que se pretende hacer a la historia de España puede tropezar con explosivos de los que te destrozan al menor descuido. Esto puede suceder cuando estudien el ingente volumen de patrimonio monumental, artístico, documental y bibliográfico que desapareció para siempre gracias a las sucesivas desamortizaciones. También se le pondrán los pelos de punta a más de uno cuando descubran que en esta centuria el esclavismo sólo era defendido por una burguesía catalana con los mismos apellidos que ahora llevan los independentistas. Por último, ¿les entrará la risa al estudiar el cantonalismo de opereta que generó la primera república? ¿Establecerán paralelismos?

Si no fuera por la gravedad del asunto, esto es para echar muchas risas. Y el ejemplo lo podemos tener en Córdoba, el día en el que un niño pregunte a su padre mientras pasean por el bulevar que quién fue el Gran Capitán. Sin pausa, responderá el padre que se llamaba Gonzalo Fernández de Córdoba, a lo que el pequeño repreguntará que en qué temporadas lideró la plantilla del Córdoba CCF.