El uso del inodoro


Los tiempos cambian y aquel espartano papel Elefante es ahora cotizado objeto en Todocolección y Wallapop

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Inodoro. /Foto: LVC

A un poeta se le atribuye aquello de “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Y así es. La vida evoluciona y hay algunos que al no hacerlo provocan problemas a los demás. Por ello hay que reaccionar y recordarles que pueden ser como quieran, pero que hay determinadas cuestiones que hay que tener en cuenta por el bien de la colectividad.

Viene todo esto a cuento de la campaña que Emacsa ha puesto en marcha para que rectifiquen quienes creen aún que el inodoro es un receptáculo donde puede ir a parar todo aquello que se crea conveniente y no es así. Por las más elementales razones de pudor no voy a detallar qué es lo que no tiene más destino que el retrete, pero a buen seguro que usted ya las habrá descubierto por poco espabilado que sea.

Los tiempos cambian y aquel espartano papel Elefante que ahora es cotizado objeto en Todocolección y Wallapop ha dado paso a las más esponjosas celulosas para esta recóndita parcela de la higiene personal. De la cisterna de cadena se ha pasado a la de botón y ya no quedan tabernas de serrín en el suelo con aquella placa turca cuyo agujero era la mismísima entrada al Averno.

Entrar hoy día a un WC público no ofrece el cúmulo de sorpresas que deparaba en un pasado no tan lejano, donde las muestras de ausencia de civismo, tanto de quien lo usaba como de quien lo tenía que mantener eran más que evidentes y se percibían por todos los sentidos salvo, afortunadamente, por el del gusto.

Contaba Camilo José Cela que en su viaje por tierras de la Alcarria llegó a un lugar donde preguntó por el escusado. El mesonero le indicó el lugar a la vez que le daba un viejo sable oxidado. Ante la cara de sorpresa del escritor gallego explicó: “Es que hay un cerdo y embiste”.

Nosotros ya no somos los de antes, y es infrecuente encontrar ausencia de higiene en los retretes, como ya no hay papeles de periódico pinchados de un alambre junto al inodoro, pero siguen existiendo prácticas malignas que nos perjudican a todos.

Por este motivo Emacsa ha lanzado esta campaña porque cada año destina un ingente esfuerzo técnico, humano y económico a la limpieza de colectores atrancados con objetos de todo tipo, entre los que destacan esas toallitas malignas que se convierten en un ingente monstruo que todo lo colapsa.

A día de hoy los cerdos no embisten en los retretes, ni las gallinas picotean antes de que uno se suba el pantalón, como tampoco existe el papel del Elefante y las placas turcas sólo se ven en los viajes al extranjero. Pero siguen existiendo cerdos que en vez de embestir se dedican a provocar un gasto en de los recursos que son de todos nosotros por no dejar en el inodoro aquello que todos sabemos y que Emacsa nos recuerda en esta campaña.