Las calesas eléctricas y otras cosas


¿Imaginan ustedes la comodidad de un perro eléctrico, que no hay que sacar a pasear en las gélidas noches de invierno?

calesas eléctricas
Coches de caballos. /Foto: LVC

Tantos años dándole vueltas y resulta que teníamos la solución a la vuelta de la esquina. Lo de las calesas eléctricas es una ‘ideaca’ a lo Muchachada Nui que abre todo un horizonte sostenible, porque sostenible es el vocablo mágico que todo lo soluciona en estos tiempos, el salvoconducto que abre hasta las puertas más resistentes. Si usted ve que su interlocutor no termina de convencerse de la burra que le está vendiendo, diga que es sostenible y desaparecerá toda resistencia. Hincará la rodilla y se rendirá ante la sostenibilidad. Es así de simple, todo lo que lleve la etiqueta de sostenible cuela.

Pues estos colectivos están en todo su derecho de proponer lo que les plazca, como es el caso de las calesas eléctricas, iniciativa pionera no sólo en Andalucía, sino en España, Europa y aquella parte de la América hispana donde los coches de caballos siguen presentes en sus cascos antiguos. Allá cada uno y su reputación. Lo de las calesas eléctricas es un elemento muy propio que, amparado bajo el término sostenible que todo lo puede, provoca la tranquilidad de conciencia que buscan los animalistas. El problema de las calesas eléctricas, -partiendo de la base de que esta historia no va a llegar a ningún puerto, fijo-, no es el el cambio que supondría en las ciudades y la desaparición de oficios seculares de lo que después nos lamentaríamos sin remedio, sino el precedente que sientan.

Si, sientan un precedente porque con los argumentos con que defienden las calesas eléctricas se pueden defender también otros muchos artefactos eléctricos que vendrían a sustituir la presencia animal y, así, ser más sostenibles, que es de lo que se trata, y de paso cumplir con la agenda Myrga de turno.

Quienes ahora se frotan las manos con la desaparición de los coches de caballos tradicionales, desconocen por el momento que las consecuencias de esta ‘ideaca’ pueden ser terribles, demoledoras. Es algo así como el bumerán que te da en la parte de los morros y te deja un rato sin conocimiento, porque si para quitar los coches de caballos se argumenta que así “se eliminarían los costes de mantenimiento de los animales” o “se ahorraría en la limpieza de las calles, pues las heces de los caballos pueden resultar insalubres, así como olores derivados del animal como sudores, orina, etc”, los mismos argumentos se podrían aplicar a las mascotas domésticas.

¿Imaginan ustedes la comodidad de un perro eléctrico, que no hay que sacar a pasear en las gélidas noches de invierno y que acude a ti siempre que lo llamas? ¿Hay mayor placer que una mascota robotizada, a la que puedes regular la temperatura con la que quieres que te caliente la cama sin dejar pelos en la almohada o puedas decidir el grado de agresividad con el que quieres que reciban a las visitas? Lo mismo que las calesas eléctricas, estas mascotas eléctricas se pueden recargar con un enchufe o con puerto USB en el caso de los más pequeños. aunque luego tengamos que poner cara de haba cuando nos pregunten por el reciclaje de las baterías.

Con esta propuesta, que encaja a la perfección en las intenciones de los animalistas, se acabarían las broncas subidas de tono entre los colectivos proteccionistas en las instalaciones de Sadeco por las adopciones y, lo que es más importante si de verdad pensamos en el bienestar de los animales, a estos perros no habrá que maltratarlos más obligándolos a alimentarse de por vida con algo tan desagradable como el pienso seco.