García Lorca en las Tendillas


Parece como si mirar al reloj para saber lo que ya sabemos nos reafirmara en nuestra forma de ser

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Reloj de las Tendillas. /Foto: LVC

A los símbolos no dejamos siquiera que se resfríen. Fue aparecer el toldo azul que protege la cornisa del reloj de las Tendillas y quedaron orillados los temas de conversación que han amenizado el verano a los cordobeses que no han podido -los más- o no han querido -los menos- salir de la ciudad en estos meses estivales. El toldo sobre el reloj viene a jugar el mismo papel que el queso en el flamenquín: una presencia perturbadora.

Las dudas y las preguntas, la incertidumbre sobre el futuro del reloj y mil cuestiones más se desparramaron de corrillo en corrillo cuando, encima, para despistar aún más al personal, las agujas marcaban la hora con exactitud prusiana. ¿Qué le pasa al reloj de las Tendillas? ¿Qué le van a hacer? Pues muy sencillo: ese toldo es el parche que ha puesto el Ayuntamiento antes de que salga el grano de los cascotes que pueden desprenderse.

Los símbolos comparten el conocimiento y el afecto colectivo. Es muy normal que en la actualidad todos llevemos encima más de un reloj y, además, ajustados con una precisión nunca antes conocida. Pero esto no quita que al cruzar las Tendillas, como parte incuestionable de un ritual identitario, derivemos una mirada al reloj, de soslayo, para ver cómo va, porque ni aún así le consentimos el más mínimo retraso. Parece como si mirar al reloj para saber lo que ya sabemos nos reafirmara en nuestra forma de ser, del mismo modo que produce frustración, y de las gordas, recorrer Gondomar de punta a rabo y no saludar ni una sola vez. El complejo de forastero no hay quien nos lo quite en unos días.

Por eso los mimos se han volcado sobre el reloj de las Tendillas una vez se ha intuido que pudiera pasarle algo, y como ocurre en las enfermedades serias, se tira de memoria y se repasa la vida no vaya a ser que de ésta no salga. Pocos, casi ninguno han recordado el reloj, del que aún queda muda su blanca esfera, en lo alto de la esquina de David Rico. Y no lo recuerdan simplemente porque en sus dos décadas de existencia estuvo más tiempo parado que funcionando.

Por eso Antonio Cruz Conde se movió para solucionar de una vez el problema. En 1958 le encomendó al concejal Gómez Salmoral que se activara para que el reloj, sin salir de las Tendillas, fuese municipal. La casa de la esquina de Gondomar estaba recién acabada y se encargó al arquitecto municipal José Rebollo que construyera la torreta, con arcadas para albergar los altavoces y la maquinaria donada por la casa Philips.

El arquitecto Amadeo Ruiz Olmos modeló los dos maceros que dan escolta a la esfera, y en uno de ellos dicen que retrató a Lozano, un popular ordenanza del Ayuntamiento. (Por cierto: ahora que Urbanismo se va a meter en obras debería aprovechar la ocasión para que estas figuras recuperasen su dorada tonalidad primitiva. Sería un puntazo).

Este reloj fue popular antes incluso de echar a andar. Su inauguración despertó una enorme curiosidad no sólo en Córdoba, que abarrotó la plaza aquel 29 de enero de 1961, sino en toda España. La participación de Matías Prats, del que aún se recuerda que las 5.000 pesetas que le correspondían por derechos de autor por grabar el “Mejores no hay”, que se escuchaba cada día a las 12:00 y a las 17:00, las donó al hospital de San Juan de Dios.

Matías Prats logró que el acto lo retransmitiese Radio Nacional de España y que al mismo se adhirieran, dicen, 150 emisoras locales. Antes de sonar a las doce del mediodía la soleá y los rasgueos de la guitarra de Juanito Serrano, el popular locutor de Villa del Río hizo una exaltación de la ciudad de Córdoba a la que no le faltó un perejil. Habló de la Mezquita-Catedral, del río, de Manolete, de Medina Azahara, de San Rafael, de los patios, de Romero de Torres, de la Judería y de todo lo que podamos imaginar. Para adornarlo, recurrió a la poesía y leyó unos versos de los hermanos Machado y de Federico García Lorca. Sí, de Machado y de García Lorca. En 1961 y a través de Radio Nacional de España. Y no pasó nada.