El penúltimo show de Moreno


Su salida de un impoluto auto 'van' negro vestido absolutamente de blanco fue lo más cinematográfico de la jornada

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José Luis Moreno en Córdoba. /Foto: JC

Hace un año teníamos el mismo calor que ahora, sin llegar ni sobrepasar los 40 grados que nos sacan de quicio. Algo soportable. El casco histórico estaba desierto, con la práctica totalidad de los negocios cerrados, el ronroneo de fondo de algunos aires acondicionados y la pandemia como único tema de conversación. Si algún turista aparecía por una esquina se le hacía la ola e incluso se le fotografiaba como algo exótico, inusual en los tiempos del covid, como excepcional sería ver una avutarda de paseo por la calle Cruz Conde.

Al igual que en estos días, la alcaldesa en funciones era Blanca Torrent por las vacaciones del titular del cargo en aquel ecuador de agosto de 2020. Pese a la parálisis informativa estival sorprendió la convocatoria a los periodistas para asistir al rodaje de una serie de televisión producida por José Luis Moreno.

Era la vida de San Francisco de Asís en capítulos, llamada ‘Resplandor y tinieblas’. Todo lo demás que se supo de la serie era muy del estilo del showman televisivo: 1.500 actores, protagonistas que son la historia misma, como Leonor de Aquitania o Ricardo Corazón de León, y un elenco de actores con la participación de Joan Collins, Jane Seymour o Denise Richards. Todo era a lo grande, como en las galas televisivas de José Luis Moreno. Cada capítulo, decían, tenía un presupuesto de seis millones de euros. Vamos, casi como los de ‘The Crown’.

La cosa prometía y allá que fuimos a los baños árabes de la calle Cardenal González. Entre la expectación levantada y la ausencia de noticias propia de los días más severos de un verano acaparado por el covid, no faltaba ni un medio de comunicación. Pudimos asistir al rodaje de un par de escenas, pero aquello estaba muy alejado del nivel a que estamos acostumbrados en las series que triunfan en las distintas plataformas.

Ni Jane Seymour ni nadie que se le pareciera, por supuesto, pero tampoco se notaban los seis millones de euros por capítulo. El cuadro de actores parecía más el cuerpo de baile de ‘Noche de fiesta’ cargado de peluquería, maquillaje, carnes al aire y ausencia de ambientación medieval mínimamente rigurosa.

La sala de los baños árabes, con la gran piscina en su centro, recreaba una dependencia palaciega de Jerusalén, recargada de cortinajes vaporosos, contraluces y muchas velas, grandes y pequeñas, por todos sitios. Mucho esfuerzo y poco resultado. No había ni la más mínima aproximación a la refinada exquisitez de ‘Downton Abbey’, a la tensión dramática de ‘Succession’ o a la gracia contemporánea de ‘Paquita Salas’.

El equipo de rodaje era interminable. Había gente por todos los rincones, hasta en una casa de la acera de enfrente, en Cardenal González, que la productora había alquilado como almacén de material, camerinos y salas de maquillaje. Parecía que en este punto del casco histórico estaba concentrada toda la actividad que desgraciadamente le faltaba al resto por la ausencia de turismo.

José Luis Moreno se hizo esperar. Su salida de un impoluto auto ‘van’ negro vestido absolutamente de blanco fue lo más cinematográfico de la jornada, por más que la mascarilla escondiese su inconfundible sonrisa elevada a la categoría de icono del celuloide en ‘Torrente 2’.

Ahora Moreno está en primera línea de la actualidad por razones bien distintas. Cada día se conoce algo más de lo que se cocía también en torno a ‘Resplandor y tinieblas’. Aunque la verdad se conocerá cuando el caso sea juzgado, la única certeza, de momento, es que había más interés en la vida del productor televisivo que en lo que estaba rodando en Córdoba.