Pedro Sánchez en San Esteban: error o burla


Cuesta creer que fuera sabiendo lo que significa tanto para España como para la civilización occidental, conceptos que él pone en duda un día sí y otro también

Sánchez pandemia
Pedro Sánchez. /Foto: La Moncloa

Al principio no daba crédito a lo que acababa de escuchar: que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se iba a reunir con los presidentes autonómicos en el convento salmantino de San Esteban. Se podía explicar como que la Universidad había dicho que nones, que saltaban las alarmas si el inquilino de La Moncloa entraba en el Paraninfo o que los otros lugares disponibles en la ciudad estaban relacionados con la estancia de Francisco Franco durante la guerra civil.

A lo mejor se podía interpretar como una conversión saulina de Sánchez a todo lo que ha renegado hasta el momento. Así, acudir a un convento de dominicos, con dirección postal en la plaza del Concilio de Trento número 1, frente a las dominicas de Las Dueñas, que hacen unos amarguillos que están en el top de la dulcería conventual española, tenía su morbo. No porque aquel noble edificio sea una cuna del saber desde hace siglos sino porque simboliza todo lo que Sánchez desmonta desde que llegó al poder.

La Escuela de Salamanca, focalizada en este convento de San Esteban, es la mejor de las enmiendas a la totalidad al Gobierno de la nación. Desde la política económica a la política exterior, con fundamentos que desde esta ciudad castellana se irradiaron en su momento hacia otros países en donde aún siguen vigentes.

Sospecho que Sánchez es ajeno a lo que San Esteban es y significa. En las fotos en las que se le ve paseando con un fraile no lo imagino preguntando por los últimos títulos publicados por la editorial que tiene su sede en este convento, ni por la actualización de la obra del padre Juan de Mariana. Imagino que tampoco machacó al modesto fraile con sus lecturas sobre el padre Suárez o Francisco de Vitoria, no.

Nadie explica si en esa ruta por el interior de San Esteban pasaron por el sepulcro de Fernando Álvarez de Toledo, el gran duque de Alba, y Sánchez afirmó conocerlo porque salía en la serie ‘Carlos Rey Emperador’ -nivelazo total- ni tampoco sabemos si es verdad que cuando alguien habló del derecho de gentes él no reconoció al mejor y más eficaz antídoto contra la llamada leyenda negra, el indigenismo y el bolivarianismo que tanto cariño les presta.

Me cuesta creer que Sánchez fuera a San Esteban sabiendo lo que significa tanto para España como para la civilización occidental, conceptos que él pone en duda un día sí y al otro también. También es difícil imaginar que esta reunión de presidentes autonómicos fuese un espaldarazo a la ingente doctrina de todo tipo que emanó de este convento en el Siglo de Oro.

¿Fue todo esto una encerrona de Mañueco? No lo creo. Como tampoco quiero creer que Pedro Sánchez montara toda esta parafernalia para reírse de lo que significa la Escuela de Salamanca.