Bolaños, el censor ‘cool’


La memoria ya no es lo que uno recuerda sino lo que otro ha decidido que tú recuerdes

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Félix Bolaños. /Foto: LVC
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Félix Bolaños. /Foto: LVC

Se han empeñado que nuestras neuronas almacenen lo que ellos quieran. La memoria ya no es lo que uno recuerda sino lo que otro ha decidido que tú recuerdes. Y si es sobre la guerra civil, mejor. Otros periodos de la historia no interesan, pero lo sucedido de 1936 en adelante tiene prioridad sobre 1931 y 1934, que son años, por ejemplo, que transcurrieron en blanco para ellos.

Hubo un tiempo en el que unos nos dijeron lo que teníamos que saber sobre la guerra civil. Ahora llegan otros y nos obligan a pensar otra cosa. Menos mal que entre medias hubo un periodo de libertad en el que quien quería saber algo sobre el periodo de 1936 a 1939 podía leer de Ricardo de la Cierva a Tuñón de Lara, pasando por Javier Tusell, por Hugh Thomas y por quien quisieras, porque nadie censuraba -como se pretende ahora- las lecturas de los demás.

Como la ley de la llamada memoria democrática salga adelante con el sectarismo tan ‘cool’ con que la describió el otro día el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, vamos apañados. No sólo lo vamos a sufrir cada uno en nuestras libertades individuales al ver restringidos nuestros derechos de acceder a los libros que nos dé la gana para luego llegar a las conclusiones que podamos, sino que el atentado que esta ley supone sobre nuestro patrimonio cultural tendrá unas consecuencias gravísimas.

Para empezar, estos revisionistas de izquierda deberán tener el valor suficiente para atreverse a decir que ‘La vaquilla’, del gran José Luis García Berlanga, es asquerosamente equidistante. Para ellos, la película que mejor que ninguna otra narra el auténtico drama de la guerra civil, no cumple con los estándares mínimos de sectarismo que ahora se requieren.

Los que más jalean esta ley son los que quieren revivir las llamas que el 11 de mayo de 1931 acabaron con tanto patrimonio cultural español, incluyendo, además de obras de arte, bibliotecas y archivos. En esta pira purificadora, uno de los primeros libros que arrojaran será ‘Las armas y las letras’, de Andrés Trapiello, a quien el PSOE ha tachado de revisionista por una obra cumbre cuya primera edición, en 1993, no levantó polvareda alguna porque en aquellos años había más libertad que ahora.

El gran valor, para mí de este libro es que desenmascara el comportamiento real que tuvieron unos y otros durante la guerra civil. Nadie se libra. Ni tan héroes ni tan miserables. La condición humana pone a cada uno en su sitio, que es muy distinto al que cada bando fabricó a posteriori a la medida de los suyos. Lamentable.

Si esto es lo que le harán a Trapiello, qué podrá esperar Pedro Corral por su monumental libro ‘Desertores: la guerra civil que nadie quiere contar’. Y nadie la quiere contar porque el autor, de forma tan rigurosa como documentada, describe con infinidad de pruebas la realidad que se vivió en los dos bandos, donde muchos estaban donde no querían estar y donde el instinto de supervivencia hacía a no pocos cruzar hasta las líneas enemigas cuando no automutilarse para salir del frente por esa vía tan rápida como dolorosa y cobarde. ¿Hablamos, entonces, de bandos o de qué estamos hablando?

Hay muchos libros más condenados por esta ley que acaba de contar con el visto bueno del Consejo de Ministros, pero estos dos, que son muy recomendables para este verano, son suficientes para acercarse a la tragedia española de la guerra civil con una visión lo más real posible, por más que no le guste a Pedro Sánchez, a Carmen Calvo, a Felix Bolaños ni a la caterva podemita.