Garzón en su jugo


Permanece en el Ministerio, sí, pero atrapado entre el desdén del PSOE y la irrelevancia a que lo tiene castigado la muchachada de Podemos

Garzón
Alberto Garzón. /Foto: LVC

Cuentan que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, anda con el rabo entre las piernas pidiendo asilo político, físico y espiritual desde que este miércoles se le ocurriera grabar un vídeo de seis minutos en el que nos echa la bronca por comer carne. Qué ideaca, le dijeron, sin saber que a la rechifla general se ha sumado su inestabilidad en el sillón ministerial.

Además, su alma anda en pena vagando por espacios interestelares después de que salvara el pellejo en la crisis de ayer, y permanezca en el Ministerio, sí, pero atrapado entre el desdén del PSOE y la irrelevancia a que lo tiene castigado la muchachada de Podemos. Eso sí que es un tormento de lo más efectivo.

El chaparrón que le ha caído esta semana no tiene parangón y lo peor de todo fue la reacción un pelín borde -como todo en él- del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, así como que las hordas podemitas lo hayan dejado más tirado que una tanga en su ridículo planetario después del zasca vuelta y vuelta de Luis Planas, que ha sido aplaudido hasta por Ignacio Fernández de Mesa.

Muchos vieron en las palabras de Sánchez la antesala de su salida del Gobierno, que hubiera sido lo lógico para todos y lo más saludable para él. Pero no ha sido así, porque el pacto entre ambas formaciones hace que cada una arregle el funcionamiento interno de su casa y los de Podemos han preferido dejar a Garzón que permanezca como rehén de la formación morada en un paso más hacia la fagocitación de las siglas de IU.

Volviendo al vídeo cárnico de Garzón, que es lo que lo ha convertido en el personaje de la semana, éste no tiene desperdicio, desde el mensaje sensiblero y lloriqueante a la mezcla de imágenes de vacas de no sé dónde con la deforestación amazónica, o de incendios forestales con granjas extranjeras. Nada que ver con el meollo del asunto. La frase de “éste no es un vídeo para echar la bronca a nadie” ya la conocemos bien en Córdoba, después de que un concejal de izquierdas usara una muy parecida para ir contra todo aquello que no le gustaba.

A Garzón le gusta la carne, como ha demostrado Twitter en estos días. Y a los suyos también, porque todos conocemos a alguien cercano a IU que monta el pollo si el salmorejo no lleva encima sus preceptivos pizquitos de jamón. Ay, jamón, cuántos de izquierdas han visto tambalear sus ideales por tu culpa.

La gente no está cabreada porque Garzón haya dicho que comer carne es de fascistas, qué va. Lo que realmente ha soliviantado al personal es que se les tome por tontos, y, precisamente, por el ministro menos brillante del Gabinete de Sánchez hasta ayer, ya que a los nuevos hay que darles un tiempo de cortesía. Que el ministro de Consumo, que lleva nada menos que año y medio en el cargo, desconozca el sistema productivo cárnico español dice mucho del nivelito que tiene. Que, encima, meta a todos los ganaderos del mundo en el mismo saco, en vez de sacar pecho por la calidad de la carne española lo coloca en la posición más baja de todas del aprecio ciudadano.

Por esto, que continúe en el Gabinete de Pedro Sánchez es el peor castigo que le podían infringir los del PSOE y los de Podemos. Garzón, que a estas horas podía estar ya refugiado en una casita perdida en el campo para amortiguar en soledad el ridículo que ha hecho, va a continuar yendo cada martes al Consejo de Ministros para seguir guisándose en su propio jugo, a fuego lento, adobado con las miradas maliciosas y perversas de sus compañeros de Gobierno, que son los verdaderos autores de esta refinada tortura digna de la Luvianka.