El alminar de San Juan como ejemplo


Con un pequeño esfuerzo de todas las partes implicadas se ha logrado el objetivo que los vecinos de Centro Córdoba se propusieron hace un tiempo

Alminar
Alminar de San Juan. /Foto: Jesús Caparrós

Han tardado ocho años pero ha merecido la pena. Esta semana se presentaba en la Sala Orive el remate a los trabajos de restauración del alminar de San Juan de los Caballeros después de un proceso tan inusual hasta ahora como efectivo y que ha consistido en reunión de diversas instituciones para lograr el fin propuesto.

Si a cualquiera que pasara hace un tiempo por la calle Sevilla o Barroso se le caía la cara de vergüenza al ver el lamentable estado que presentaba esta torre, imagínense ustedes lo que les entraría por el cuerpo a los vecinos de la zona, que se topaban cada día con este bochorno en uno de los accesos al denominado casco histórico.

La degradación progresiva de los sillares de calcarenita, esa red metálica que hería el más mínimo sentimiento de afecto hacia el patrimonio monumental, las palomas -como siempre- dañando todo aquello que se sitúa en la vertical de sus esfínteres y el desdén de todas las administraciones. Como ven, el panorama estaba para echarse a llorar y no parar en un par de días.

Estos vecinos de la asociación Centro Córdoba decidieron poner fin de una vez a esta situación y no tomaron el camino de la presión y la reivindicación, sino que optaron por la muy civilizada vía de remangarse y ser ellos quienes tomaran la iniciativa. Así, vieron cuáles eran todas las partes implicadas y fueron llamando puerta a puerta para reclamar su colaboración.

En el Ayuntamiento les abrió la puerta el entonces teniente de alcalde de Presidencia, Emilio Aumente, una pieza imprescindible y fundamental en todo este proceso, cuya labor ha proseguido con la misma eficacia su sucesor, Miguel Ángel Torrico. A esta iniciativa se sumaron también la Diócesis de Córdoba, la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús y la Universidad, que ha sido la encargada de estudiar y documentar esta valiosa torre.

En estos ocho años se ha trabajado en dos fases: primero se actuó en el exterior y luego en el interior. Ahora todo se remata con un documental, así como una ‘app’ en la que se puede conocer el resultado de trabajo arqueológico sobre este alminar, que es el único del emirato que se mantiene en pie, que no es poco.

Ahora la piedra luce sana y en toda su belleza, la malla metálica ha desaparecido de la vista y se ha protegido el monumento para que las palomas no vuelvan a posarse en él. Este alminar, que es cruce de caminos y de barrios, y ruta obligada para muchos que van del centro comercial al histórico ofrece un aspecto remozado, que no es otro que el que debería tener desde hace décadas.

Con un pequeño esfuerzo de todas las partes implicadas se ha logrado el objetivo que los vecinos de Centro Córdoba se propusieron hace un tiempo. El resultado es que todos sienten como suyo el nuevo aspecto que presentaba el alminar y, a la vez, han creado un modelo de gestión patrimonial que debe tener continuidad en otros muchos casos que requieren, como poco, un lavado de cara que nunca llega.