El Puente de Hierro


Si se cumplen los planes anunciados por la Gerencia de Urbanismo, en un par de años se habrá recuperado tanto el puente como el trazado férreo

puente de hierro
Puente de Hierro de la Palomera. /Foto: LVC

En la memoria sentimental de la ciudad hay una serie de hitos que no se desvanecen con el paso del tiempo. Están ahí anclados en el imaginario colectivo como elementos identitarios que refuerzan el vínculo entre los cordobeses. Van de lo gastronómico a lo lúdico, de lo geográfico a lo humano dibujando un mapa cuyas claves sólo entienden quienes forman parte del colectivo.

Si a cualquier adulto que se le mencione el Puente de Hierro sólo lo vincula con un lugar situado cerca del barrio del Naranjo donde hay una estructura por la que dicen que pasaba el tren y poco más es que esa persona no es de Córdoba y también le costará trabajo poner en el mapa las Costanillas o saber lo que es un gurrumino.

En cambio, si a quien se le mencione el Puente de Hierro se le hacen revivir domingos de perol en sus inmediaciones, con la búsqueda del agua de la Palomera o la sensación de entrar reptando en una cueva por la que no cabía todo el mundo, es que tiene este lugar anclado en un lugar predilecto de su memoria.

De este modo se reviven momentos ya perdidos en los que se disfrutaba de la ciudad mucho más que ahora. Era cuando se podía ir andando al campo y hacer un perol casi en cualquier sitio, tanto porque no había tantas prohibiciones como ahora como porque aún no se habían dado los abusos ni los destrozos en la naturaleza.

También se puede dar el caso de que haya quien no haya estado nunca en él, que no lo haya cruzado con el riesgo de que apareciera un tren, no asocie este lugar a la geografía más triste de Córdoba. Como los medios de comunicación no informan sobre suicidios, corría a media voz la noticia de que alguien se había tirado desde el Puente de Hierro. Una pena.

Ahora, si se cumplen los planes anunciados por la Gerencia de Urbanismo, en un par de años se habrá recuperado tanto el puente como el trazado férreo, todo ello convertido en una vía verde por la que llegar andando, después de 17 kilómetros, hasta Cerro Muriano.

El Puente de Hierro volverá a cobrar vida, abierto al tránsito peatonal, como un elemento más de esa dotación de espacios verdes que se está produciendo en este mandato para buscar la reconciliación de los cordobeses con la naturaleza.