¿Es la Unesco? Que se ponga


La paulatina expulsión de los vecinos se remató hace tres años cuando se obligó a los residentes a que aparcaran en la otra orilla del río

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Solar de la Cruz del Rastro. /Foto: LVC

Esta semana ha anunciado el grupo municipal de Podemos que estudia contactar con la Unesco para denunciar la situación generada tras la concesión de una licencia para un negocio en la Cruz del Rastro. Alegan, como también señalan las asociaciones de vecinos de la zona, que este proyecto “contraviene y pone en riesgo la declaración patrimonial de la Unesco”. 

Hasta aquí todo es correcto. Están en su derecho de defender lo que consideran que es “pisotear literalmente las indicaciones del Plan Especial de Protección del Casco Histórico”, pero hay que hacer una salvedad, porque  anuncian que se podrán en contacto “con los responsables de la Unesco en Andalucía” cuando esta institución no tiene sede en la región. Lo que hay son asociaciones independientes que no dependen jerárquicamente de la plaza de Fontenoy, en París, donde sí está su centro de decisión. Lo demás son ‘groupies’ de buena voluntad que en algunos casos la lían parda.

La denuncia de Podemos va en la línea de lo que siempre ha criticado esta formación y otros más, que es convertir la zona en “un mero escenario de lujo para turistas”. Centran el objetivo en la proliferación de establecimientos orientados al ocio y al turismo, cuando esto era, precisamente, lo que se pretendió hace cinco lustros cuando se puso en marcha el plan Urban-Ribera que contó con un aplauso generalizado.

En la documentación de este proyecto, en el que se invirtieron diez millones de euros, se señala que la zona en la que se iba a actuar agrupaba en un puñado de calle todos los problemas que azotan a las grandes ciudades de hoy: paro, marginación, despoblamiento, prostitución y drogadicción, pobreza, deterioro del medioambiente urbano, pérdida del patrimonio arquitectónico, problemas de accesibilidad y habitabilidad. 

La Comisión Europea, el Gobierno central y el Ayuntamiento se pusieron manos a la obra. Hubo actuaciones con los colectivos más desfavorecidos, se impartieron cursos de formación, hubo multitud de ayudas para los negocios que persistían y para lo que se quisieron implantar, se creó el Centro de Salud de Lucano y un montón de iniciativas más que lograron su objetivo.

Entre las múltiples acciones que se llevaron a cabo estaban las destinadas “al fomento de iniciativas económicas en la zona y a la atracción turística”. He aquí la madre del cordero. En aquel momento hubo consenso de todo tipo al comprender que el futuro de la zona Urban-Ribera pasaba por esa “atracción turística” que en un momento determinado se fue de las manos. 

Y se fue de las manos porque la zona se puso de moda, todo el mundo quería abrir un barecito y a nadie se le ocurría poner una tienda de frutas y verduras, aunque fuesen ecológicas. El turismo era ya el becerro de oro antes de la llegada de los apartamentos turísticos y nadie quiso ver el problema que se avecinaba porque todo iba bien.

La paulatina expulsión de los vecinos, que comenzó hace décadas por la zona de la calle Deanes cuando los propietarios de las tiendas de recuerdos copaban todas las viviendas, y que se remató hace tres años cuando se obligó a los vecinos a que aparcaran en la otra orilla del río, ha desembocado en una situación que soy el primero en deplorar.

Ahora, para buscar una solución, los de Podemos anuncian que van a hablar con la Unesco, pero, por favor, que lo hagan con la Unesco chachi, con la de París, que es la fetén y la que pone las cosas en su sitio. Como cuando fueron lloriqueando los de la plataforma que busca la expropiación de la Mezquita Catedral y la Unesco no sólo no amonestó lo más mínimo al Cabildo sino que debido a su gestión y conservación lo elevó aún más de rango y le dio el título de Bien de Valor Excepcional Universal. Vaya zasca.