Carreteras para pobres


Tampoco ha faltado quien se ha cubierto de gloria con lo de “quien usa, paga”. ¿Este criterio es extensible a la educación o la sanidad?

carreteras Curva sin visibilidad en la carretera de Silillos./Foto: LVC
Imagen de archivo de una carretera. /Foto: LVC

Este Gobierno no defrauda. Cuando no es una cosa es otra. Habrá a quien le dé igual lo que haga Pedro Sánchez, pero cuando le da por meter la mano en el bolsillo de la gente el rebote es generalizado, y con razón, porque hay cosas con las que no se juega.

Una de ellas es la del peaje en las carreteras, que técnicamente es también un copago o, mejor dicho, un repago. No es plan ahondar en la herida después de que se haya pillado al Gobierno ocultando a la población sus planes de un sablazo premeditado y a sangre fría. Este hurto figura en el denominado Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que se ha enviado a Bruselas para justificar los ajustes a realizar a cambio de los fondos que un día de estos nos enviarán para salir -eso dicen- de la crisis.

Pues ahí precisamente, en ese documento de nombre tan cuqui, aparece el plan para que los bandoleros de Sierra Morena resuciten y te los encuentres a la vuelta de la esquina, o de la curva, que sería lo más lógico.

Los nervios han llegado cuando han sido sorprendidos con el carrito del helado en plena temporada. Lo primero -de libro- ha sido echarle la culpa a PP, a Ayuso, a la foto de Colón y a la de las Azores. Como no ha colado, han aplicado -también de libro- lo de recular para intentar explicar que, bueno, que no es exactamente así como se está contando, sino que no es para tanto. Vamos, lo de siempre.

Tampoco ha faltado quien se ha cubierto de gloria con lo de “quien usa, paga”. ¿Este criterio es extensible a la educación o la sanidad? Para intentar amortiguar el golpe se han sacado de la manga a toro pasado lo de, bueno, que no todos van a pagar, que si cumples tres requisitos complicadísimos de justificar te puedes librar del golpe en la nuca, pero que el resto, la práctica totalidad de personas, verán cómo le ponen el trabuco en el pecho cada vez que quieran dar un paseo, ir al pueblo, a la segunda residencia, a comer huevos con lomo en El Tejar o a respirar el aire puro de la sierra de Montoro. 

Sablazo al canto. Es la afición al mangazo del dinero de los demás. Es forzar a que se circule por carreteras que no se reparan con la cantidad de impuestos que se pagan para ello por cualquier concepto. El Gobierno se aprovecha del contribuyente cautivo, que es aquél que no tiene otra alternativa que circular por carreteras de pago porque, precisamente, el estado del bienestar era eso: la autovía para todos y tal.

A lo mejor, quién sabe, lo que pretende Pedro Sánchez con esta maniobra es algo bien distinto, un plan secreto -otro más- para volver a su momento histórico preferido, como es el de los años del franquismo que tanto añora. Cada vez lo veo más claro. Lo que quiere es que los coches vuelvan a circular por el interior de los pueblos, saludar a los ancianos sentados en las puertas de las casas, que reabran aquellos merenderos de carretera con especialidad en pollo frito y conejo al ajillo, que volvamos a vivir la experiencia de ir 15 kilómetros detrás de un camión, y, sobre todo, la de recorrer esa España abandonada cuando vino la fiebre de las autovías que todos pagamos. Sánchez acaba de inventar las carreteras para pobres.