Ay, el turismo


La repercusión que la crisis ha dejado en el sector ha hecho que un barrio entero, la Judería, aún no haya levantado cabeza

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Asistentes a la presentación de Fitur 2021. /Foto: LVC

Una de las lecciones más claras que la pandemia ha dejado a los cordobeses es la dependencia económica que la ciudad tiene del turismo. Mientras llega y cuaja la base logística del Ejército de Tierra, infinidad de negocios dependen del señor que se baja con su maleta en la estación del AVE o con su mochila de un ALSA.

No hace falta repetir la importancia del turismo para la supervivencia de infinidad de familias en los más diversos sectores que, como una cadena de tracción, dependen del señor que decide pasar unos días, o unas horas, disfrutando de los encantos de Córdoba, y mejor aún si es en sus tiendas, sus restaurantes y sus hoteles. La repercusión que la crisis ha dejado en el sector ha hecho que un barrio entero, la Judería, aún no haya levantado cabeza y pasear por sus calles, a un año y pico del inicio de la pandemia, sea recorrer una ciudad fantasma, sin vida alguna.

La muerte, como el embarazo, son términos absolutos que no admiten matización. O se está o no se está. En este caso, la Judería si admite una salida de esta regla para decir que está casi muerta, porque eso es lo que se comprueba al comprobar que sólo hay un negocio abierto de entre 20 y que tras su mostrador hay una persona con gesto de desesperación.

La situación la explicaba esta semana de forma muy gráfica la presidenta de la asociación de vecinos La Medina, Lourdes Martínez, cuando decía que había negocios que últimamente abrían solo los fines de semana y, con suerte, hacían 100 euros de caja. Vaya ruina. La mayoría decidía no abrir. ¿Para qué hacerlo si por las calles no pasan ni los grajos?

Lógicamente la prioridad es la atención sanitaria -esto no hay quien lo discuta-, pero no hay que perder de vista que las medidas económicas son el dique para frenar una crisis social que puede desembocar en una crisis institucional a la que no hay que llegar bajo ningún concepto. Las ayudas van saliendo a la velocidad paquidérmica que tiene la vetusta y anquilosada maquinaria de la Administración. Unas se han dado más celeridad que otras, pero las ayudas, objetivamente, están llegando tarde, cuando el cartel de ‘se alquila’ o ‘se vende’ es la esquela que nos anuncia tanto la muerte de un negocio como la angustia de varias familias.

Ante este panorama, que no está exagerado en absoluto, al contrario, causa estupor ver cómo el turismo es materia de discusión política. Raro es el día en el que no se cuestiona la gestión turística del Ayuntamiento, cuando debería ser una ‘cuestión de ciudad’, como dirían los cursis. Si se ha conseguido la unidad política en algunas cuestiones, ¿por qué no se ha buscado el consenso en esta materia desde un primer momento, cuando se sabía que la ruina iba a afectar no sólo a un sector sino a un barrio entero?

Quienes viven del turista que llega a Córdoba tienen que estar con los pelos de punta al ver cómo desde IU hasta Vox hay una coincidencia plena en señalar las carencias en materia de gestión turística que sufre la ciudad y que se venían anunciando desde antes de la llegada de la pandemia. Los proyectos que salen de la chistera ante el desconocimiento, incluso, de los técnicos municipales, los eventos difícilmente argumentables y la falta de visión de que el turismo es una materia estratégica para Córdoba son algunos de los puntos débiles que señala al unísono la oposición.

Pero hay otro motivo que pone los pelos de punta y en el que también coincide IU y Vox, como es el de la influencia en la Delegación de Turismo de determinados empresarios privados. Varias han sido las veces en que este asunto ha sido puesto sobre la mesa, desde el traslado del Imtur desde Santa Clara a la Pérgola o la decisión de tener un stand propio en Fitur. No hay que ser un lince -subvencionado por la Junta, por supuesto- para ponerle nombre y apellidos a quienes están detrás de cada movimiento en este terreno, a lo que hay que sumar la escasa representatividad que los afectados le dan a las asociaciones que, en teoría, defienden sus intereses.

Si a esto se le suma que a la delegada de Turismo, Isabel Albás, se le pregunta esta semana por el expediente del espectáculo nocturno del Alcázar de los Reyes Cristianos, un reclamo turístico de primer orden, y responde con firmeza que está ya en licitación cuando no es así, las dudas sobre la gestión ponen los pelos de puntas. El alcalde, José María Bellido, intentó al día siguiente remediar el desaguisado, pero ya había quedado clara ante la prensa la intención de Albás. ¿Desconocimiento?