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La Medina detalles
Cableado en el casco histórico. /Foto: LVC

Los secretos y la grandeza de la vida se encierran en los detalles. La vida de trazo gordo que llevamos en la actualidad no nos permite detenernos en lo accesorio y vamos a lo fundamental, caiga quien caiga, por lo que lentamente nos escurrimos por la pendiente del estereotipo y del prejuicio. Los análisis de la sociedad actual están basados en los lugares comunes, en esas etiquetas que no admiten más que dos colores, el blanco y el negro, dejando atrás una paleta cromática cuajada de detalles que encierra la verdad a la que nos queremos aproximar.

Lo más superficial, lo más nimio se descarta por sistema. Parece que sólo interesa lo mollar, el resultado rápido y, a ser posible, rentable. Todo lo demás son cosas del pasado, de gente que perdía el tiempo en los detalles, cuando el futuro está en lo instantáneo y con el menor esfuerzo posible. 

Por poner sólo un ejemplo de la importancia de los detalles vamos a fijarnos en el casco antiguo de Córdoba. Cualquiera saca pecho, con toda la razón del mundo cuando habla de esto, y enseguida despliega una declaración de amor a la que sólo le faltan los violines de fondo.

Los monumentos, la gastronomía, la calidad de vida, los patios son elementos que se cuidan, se protegen y sirven como bandera del orgullo local. Si ampliamos un poco más el campo de mira para detenernos en el marco en el que están los monumentos, la gastronomía, la calidad de vida y los patios veremos cómo el cuerpo nos pide salir corriendo antes de empezar a llorar, porque lo que fallan son los detalles.

La política nunca le ha tenido aprecio a los detalles, porque siempre ha buscado la rentabilidad. Ha preferido un proyecto gordo a la modesta y siempre necesaria labor de mantenimiento, de limpieza periódica, de eliminación de lo superfluo y molesto. Esto hace que haya coincidencia en el cuidado hacia lo sustantivo, pero el suspenso cae cuando abordamos lo adjetivo. Lo de siempre, los detalles.

En estos días se han montado unos andamios para limpiar el altar de la Virgen de los Faroles. Sí, limpiar. En unos días veremos el resultado, que no sólo es estético sino que contribuye también a evitar un deterioro que en un tiempo provocaría una actuación más costosa. Iniciativa privada.

¿Por qué el retablo de la calle Lineros provoca vergüenza ajena? ¿La vegetación que brota entre las piezas del triunfo de la Puerta del Puente busca competir en variedad y frondosidad con el Jardín Botánico? ¿El cableado aéreo es la aportación estética de nuestra generación al casco histórico? ¿Se ha comprobado el impacto en las retinas de los rótulos y escaparates de muchos negocios de la Judería? ¿Por qué el Código Penal no recoge el uso de determinados pavimentos? Iniciativa pública.

Sí, son detalles, o chorradas, según usted prefiera, pero los hechos son tozudos. La política discurre por los grandes gestos -muy rentables fotográficamente, supongo- mientras los líquenes están ennegreciendo a pasos forzados el triunfo de la plaza de Aguayos.