Adiós primarias, adiós


Organizarlas era lo más democrático, lo más fetén, lo más ‘cool’ en política, lo que sólo hacen quienes están llamados a triunfar

primarias
Pablo Iglesias. /Foto: LVC

Hay que ver lo que en España nos gusta un buen entierro, “con su caballito blanco, con su caballito negro, con su cajita de pino, con su muertecito dentro”. Pues se nos escapan las mejores, mire usted. Hemos estado esta semana tan concentrados con lo de Murcia, que ahora es lo de Madrid y por chiripa no es también lo de Castilla y León o lo de Andalucía que no hemos visto lo que teníamos ante los ojos. 

El punto de inflexión de esta semana ha sido el vídeo de Twitter, donde no se admiten preguntas ni repreguntas, de Pablo Iglesias, en el que con tono de voz de vendedor de burras anunciaba que competía con Isabel Díaz Ayuso por la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Es verdad que luego añadió el “si así lo quieren las bases”, pero intencionadamente lo colocó tan de soslayo que no servía de nada. Se lo podía haber ahorrado. Total, para lo que va a servir la opinión de las bases.

Con ese vídeo se ha cargado algo por lo que tanto clamó hace solo unos años y nadie creía en ello: las primarias. Organizar primarias era lo más democrático, lo más fetén, lo más ‘cool’ en política, lo que sólo hacen quienes están llamados a triunfar. Ahora resulta que no, que mi candidatura la anuncio en vídeo y si alguien protesta ya se hará un paripé de primarias para guardar las apariencias y que todo salga según el guión previsto.

Qué manera de enterrar las primarias. Tanto tiempo luchando por ellas y ahora son mis gónadas serranas las que me eligen candidato. Ole ahí. Tanto empeño se le puso que hasta el PSOE, con un cierto complejo de inferioridad mal reprimido, se subió al carro de la modernidad democrática y fue el apóstol de las primarias hasta que el mismísimo Pedro Sánchez fue descubierto por los suyos cometiendo un pucherazo de libro con la colaboración de César Luena y Rodolfo Ares. Qué tiempos.

Ciudadanos tampoco se quiso quedar atrás y que se le señalara como un partido reaccionario que no organizaba primarias, hasta que llegaron las de Castilla y León, ¿recuerdan? Allí, la candidata Silvia Clemente quedó 35 votos por encima de Francisco Igea en un resultado que estaba ‘enriquecido’ y que hubo que corregir, para decepción de Albert Rivera. 

Las primarias, ay. Si casi todos han caído en la tentación de meter la mano en la urna de las primarias, cómo es que a Podemos le cabe el honor de ser su sepulturero. Es muy fácil de entender: porque Podemos son los que más y mejor lo han hecho para convertir las primarias en un traje a medida. Y si no sale lo que quiero lo impongo por las bravas. Desde el voto telemático, del que desconfían hasta sus propios afiliados (o bases, en el lenguaje corporativo) hasta el regreso al dedazo autoritario para que el cunero de turno llegue como un paracaidista sobre la candidatura cordobesa de PSOE, AP, PCA, IU, PP o Podemos.

La formación morada tiene pocos años de vida, pero en cuestión de primarias ha adquirido tal maestría que hasta tiene ya su condena por fraude. El descrédito en las primarias es lo que las ha empujado hasta lo más hondo de la fosa. En Córdoba tenemos varios casos, como el de 2015, cuando el elegido Antonio Manuel Rodríguez fue empujado por la sevillana Marta Domínguez impuesta desde Madrid.

No queda aquí la cosa, ya que tres años después hay un precandidato camerunés, en el que Pablo Iglesias tiene mucho interés, que lo mismo aparece que desaparece de la candidatura. Cuando no nos habíamos repuesto de ésta, resulta que en las generales de junio de 2016, cuando se había dicho desde Madrid que nadie se moviera de su sitio porque se iba a repetir la misma candidatura de las anteriores -que habían sido sólo seis meses antes-, ocurre que al líder supremo se le ocurre alterar la decisión de sus militantes cordobeses para imponer a Manuel Monereo, al que encajaron con calzador. Y nadie rechistó, que yo recuerde.

Todo esto han sido coronas de flores, esquelas y pésames por el fallecimiento espasmódico de las primarias. Pobrecitas mías, con la de esperanzas que algunos habían depositado. Después organizaron las primarias para las municipales de 2019. Las ganó de calle Juan Alcántara, con el 54 por ciento de los votos y después Cristina Pedrajas ocupó su lugar. Las cosas de la ideología de género.

Por cierto, que Pedrajas se presentó hace poco para ser portavoz de Podemos y los de su propio partido hicieron que las pasase canutas. Decían que partía con ventaja por ser concejal y todo lo tenía que hacer de tapadillo para no discriminar a otro posible competidor, que no lo hubo.

Vamos, lo mismo que Pablo Iglesias desde su despacho de la Vicepresidencia del Gobierno anunciando ‘urbi et orbi’ su candidatura. Adiós primarias, adiós. 

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